sábado, 31 de diciembre de 2011

En tu estrella

Ahora te extraño y también llueve, como siempre está lloviendo cada vez.
Ya se me fueron las ganas, ¿sabés? Quiero ir a vivir a esa estrella que me regalaste, no estaré más sola que aquí.
Será mi culpa, seguramente, tan impenetrable como me enseñaste; pero ahora quisiera cambiar, ahora que no estás, que las cosas fueran diferentes.
Dejar de coquetear con  el vacío, como dijo el chico de ojos transparentes. Cambiar la imbésil fantasía de poseer mi cuerpo y hasta mi mente. Dejar el vértigo de una buena vez. Saltar o huir a refugiarme en tierra firme, bien segura y a salvo. Cambiar de sueños, de valores, de promesas.
Juntar la fuerza que se me ha desparramado entre las falanges, reunirla toda en el puño y dar el golpe.
Quebrar el cielo en dos, por fin poder quebrarlo y que se abra y esté como siempre debió haber estado.
¿Hablaré de más? Es muy probable, nunca te pude imitar el silencio. Las palabras me engañan, se me enredan en la lengua y hacen presión.
Pero en fin, te extraño, y llueve y el cielo sigue siendo uno sólo y yo también estoy tan sola y no en la estrella que me regalaste. Sigo acá, anclada, enterrada apenas hasta el cuello, y lo peor es que aún puedo respirar y ver. También escuchar pero eso nunca fue un problema porque las palabras que entran por mis oídos casi nunca llegan a algún lado y termino por perderlas, como pierdo tantas cosas y aunque me moleste jamás seré más cuidadosa. Y sé que a vos también te molesta tanto ese desorden, ese desastre de ideas despilfarradas por todas partes, ese concierto descoordinado de pensamientos dando vueltas en la cabeza, inútiles y sin sentido.
Ya no sé ni a quién le escribo, otra vez, se ha confundido tu imagen y ahora sos una mezcla de ideales y frustraciones propias. Lo hago igual y sigo, porque sino no sobrevivo, aunque quién sabe si es lo que quiera.
Ya sé, demasiadas vueltas, mucho desorden, mucho ruido; pero me duele la espera, y te extraño, y llueve y no estaría más sola en tu estrella pero estoy acá.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Katze

Estaba acostada sin poder dormir, entonces se me ocurrió que quizás debías acariciarme el pelo hasta que lo consiguiera. Pero tu mano estaba tibia y me deslice sin resistencia hacia el sueño apenas la apoyaste en mi nuca.


Sonaría extraño que nunca hayas estado allí porque tu respiración era profunda y con un leve aroma a alcohol, que me sumergía en un sótano donde hombres fuertes hunden sus penas.
Te quiero, e inevitablemente, aunque pocas veces sepa algo de vos (como que tu mano está tibia o que tu aliento huele a alcohol). O si, te quiero, aunque los días se me pasan y yo que trato de entender no lo logre, y haya terminado por resignarme y entonces ahora sólo te admire, te observe azorada sin hacer muchas preguntas, valorando esa belleza como un regalo al que no le mires los dientes. Como si hubiera iniciado en mi presencia y no preguntes tanto que no hay nada que debas saber.
Pero los ojos, los ojos tan tristes. Si yo pudiera, realmente, si tuviera un poder por mínimo que sea para limpiar esos ojos.
Si yo tuviera, el poder que han tenido otros y los han entristecido. No preguntes tanto, pero de verdad, si yo pudiera, sí, si me dejaras, si no cerraras la puerta con dos trabas y me tuvieras esperando en la galería. Si me dejaras pasar en vez de salir cada unas cuantas horas para que yo no pierda la esperanza, para que siga sentada en el piso frío de la galería esperando que salgas...
Pero ya ves que no. No me dejarás entrar, ni responderás las preguntas y mucho menos me prestarás los ojos para que los limpie.
Pero entonces es cuando te quiero y ni siquiera se por qué, pero me quedo. Y te observo con los ojos bien abiertos, como sorprendida y lo único que espero es que te dejes observar.

Entonces despierto en el medio de la noche y tu mano tibia ya no está, y tengo la nuca helada.

Suelto

Escuadrones que tildan la superficie de rugosa, artistas, mentirosos. Batallones de ellos nos quieren arrastrar. 


Ya no les creo, ya no invaden mis sentidos sedados, adormecidos por millones de sustancias, millones de artefactos, millones de concejos, millones de sermones, millones de ideales y de ejemplos.
Ustedes, los del medio, nos quieren asustar. De la paranoia al imperio y, una vez más, me encerré en el cuarto oscuro.
Si me permiten, traidores y si no, también canallas. Empastando los movimientos espontáneos, los pensamientos "sin sentido", las canaletas de sarro y de perfumes baratos.
Si me permiten, enfermos, y si no, también necios y estúpidos, cumplidores de la norma que tanto rechazo y critico y siempre terminaré obedeciendo, como buena neurótica, como oveja blanco radiante, pastando aturdida en la montaña.
Pero se están despertando. Un par de ellos se han levantado, han abierto los ojos, las arterias, los bronquios.
Un par de ellos se están sublevando

¿y qué harán, cuando le griten al mundo que en esta superficie se puede resbalar?

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Alfonsina

Buen día madame, la lluvia la ha despertado. Bienvenida a un nuevo día, ya hay pájaros cantando. Es temprano, si, pero no lo suficiente, ya se ha perdido el amanecer y los primeros mates.
Venga, no se ofenda, hay amargo todavía, vamos que el día no espera madame. No se acomode en su silla, que hay que salir ya.
No pregunte a donde vamos madame, no le puedo responder.
¿Que por qué le digo madame? Me ha parecido que va con usted. Si no le gusta me dice, ya sabe.
Vaya, vaya a vestirse que así no puede salir. No es que no le quede precioso pero la lluvia ha traído el fresco.
Así, muy bien. ¿Ya está lista? Quite esa cara de espanto mujer, nos conocemos bien, yo no le voy a hacer daño, no mucho más que usted. Deme la mano, si, vamos caminando.


Usted me tiene loco madame, se me acelera el corazón. ¿Cómo que no? Deme la mano, ¿siente? Eso de allí es su corazón madame, sigue latiendo.
Le pedí que no pregunte a dónde vamos, cierre los ojos si quiere. ¿Qué hace descalza? Se ha olvidado los zapatos, no hay tiempo para volver, no vaya a cortarse.



Ya puede abrir los ojos madame, agradable caminata.
¿Por qué corre sangre por su pie? Le pedí que no se corte. Estamos en la playa, si, la playa. ¿Por qué llora? Deje que el viento seque sus lágrimas madame, ya estuvo bien, ya no llore más.
Déjeme darle un beso en la nariz y sonría. Ahora mire hacia el frente, alce la cabeza, así. ¿Siente el agua en los pies? Está helada, ¿le arde su herida madame?
Dicen que el agua salada cicatriza.
Eso es, el agua del mar cura las heridas madame, ¡que gran descubrimiento! Tome mi brazo, ¿escucha el órgano? Estamos entrando a una enorme iglesia barroca. Usted y yo madame, estaremos juntos para siempre. Camine conmigo, vamos, ya no llore, no piense en el frio, el mar sanará. Camine conmigo, vamos, más adentro, un poco más.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Aurevoir ma petite fille

Este año no habrá flores pequeña, has crecido y lo tienes que aceptar. Aunque cueste, aunque te sorprendas implorando que se te mime como a un niño. Este año no habrá flores ni papeles de regalo coloridos que romper.
Te han arrancado las muñecas de las manos y aunque quieras sentarte a hacer un berrinche, un batallón te empuja hacia delante sin escuchar tus quejidos. Deberás olvidarte de Alicia pequeña, de Matilda y las demás.
Volver a encerrarlas allá arriba, y bajar a vivir entre los adultos. Llenarte de obligaciones y responsabilidades, olvidar la hora del té, a los duendes y las carreras de conejos.
Deberás olvidarte de todo aquello si quieres sobrevivir. Pero sobre todo, pequeña, olvídate de que no estabas preparada.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Manos

¿Cómo es posible que exprimas el mundo de tal manera, si tantas veces te vi destartalarte frente a insignificancias? Y ahora ahí, guerrera, con la frente al sol y el labial corrido...


Ya no sé quién escribe, me han robado el desvarío los dedos, y no tengo más que hacer. No planeo resistirme aunque pudiera. Prefiero admirar el espectáculo: mi cabeza vomitándole a mis manos de un saque, las letras que surgen. Las sensaciones que se amontonan, alineadas pero en desorden, en lo blanco de la hoja, lo blanco de los ojos, lo blanco de la boca.
Me llevan a los labios un cigarrillo y continúan. Podrán jugarme una mala pasada, cuando salgo (entro) a recorrer los rincones de mi inconsciente, el sótano, el ático, el cuartito tras una biblioteca que se abre moviendo un libro, y encuentro “cosas que allí no deberían estar” dice Matilda. Me pondrán en evidencia ante ella, ante La Reina, La Prostituta y las demás, porque me celan. Aunque estoy segura que La Reina simplemente seguirá escupiendo para poder ver más, para poder burlarse a carcajadas desde lo alto del trono, con el bastón en mano, y por fin mandarme a que me corten la cabeza.
¿Se quedarán sin aliento? En algún tiempo, ¿se cansarán? No, no lo creo, aunque quizás sea sólo un deseo. Por eso, admirar el espectáculo, dejar que las palabras fluyan aunque prefiera retenerlas dentro, disfrutar del único momento en que puedo ver la verdad, mi verdad, la única que importa ahora, cuando el huracán a terminado y hay que ponerse a reconstruir pieza por pieza una esencia.
Vale la pena correr el riesgo, sentir el vértigo de ir demasiado adentro, sacar a flote la carroña y que resalte. Aceptarla, hacerse cargo, enfrentarla y reconciliarse, vale la pena aunque lo quiera evitar.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Hipnagogia

 [Los primero diez minutos del día, siempre se me olvidan.]

Estábamos contentos, pero tranquilos. Por fin habíamos dejado flotar nuestros caparazones río abajo, y la corriente se encargó de lo demás. Los vimos destrozarse a unos 100 metros contra las rocas.
Lo recordé mientras me cepillaba los dientes, ¿Pero quiénes éramos? ¿Y porqué estábamos desnudos? ¿Y por qué carajo yo misma estaba desnuda cepillándome los dientes?
Corrí a mi cama, pero estaba vacía. Estaba completamente segura de que tenía puesto el camisón que ahora yacía a los pies del somier.
Pero entonces escuché la puerta cerrarse. Me tape con una toalla y, casi desnuda como estaba, bajé la escalera directo hacia la entrada. Abrí rápido y salí a la calle, pero estaba desierta, como cada domingo por la mañana.
La puerta estaba abierta aunque sabía que la había cerrado con doble llave (y el camisón puesto) antes de ir a dormir.
Volví a subir y me senté en la cama, sosteniéndome la frente y tirando despacio pero con fuerza del pelo. ¿Cómo era posible que no recordara nada, que no pudiera verle el rostro al otro cuerpo desnudo a orillas del río? ¿Que no pudiera ver la cara de quien pude sentir entre sueños?
Revisé el celular, ningún mensaje ni llamada después de las 0:23 am. Pero entonces encontré la notita: “Ya no tomes pastillas para dormir”, y nadie la había firmado.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Memoria

"Pero si todo el tiempo estoy, chocándote en la calle, econtrándote en la silueta de las nubes, buscándote una forma en el agua que corre en las veredas, en este día de lluvia repetida; quizás me haya olvidado de ti, y ahora sólo seas tú conmigo."
Un grabación con mi voz (mi voz?) de esa mañana en el centro, en cualquier parte del centro de cualquier ciudad, cualquier ciudad que desee ser la ciudad, y el centro por supuesto. Y el día gris y la lluvia repetida además, en cualquier estación, pero quizás sólo en primavera.
Porque es claro que siempre estoy recordando algo que se me olvida y que salgo a atrapar de los pelos cada unos cuantos minutos.
La imagen va y viene pero la molestia persiste y es justamente, lo que me recuerda que no debo olvidarme de...










[Y entonces sos un depósito de delirios, la caja fuerte o un basural]

domingo, 16 de octubre de 2011

Sazón

Hay noches en que me pica la boca,
tal como si millones de bacterias
se reunieran a zapatear bajo mi lengua.
Igual me gusta,
porque la mente debe viajar más rápido,
rebuscándoselas,
para rascar allí.

lunes, 3 de octubre de 2011

Tanto fue el cántaro a la fuente

No me gusta ser urgente y transparente, tener la piedra colgada al cuello y en el anillo, una cereza.
Si, una aspereza que no se lima. Quizás si le encontrara un sentido a la vida, tan volátil, tan poca cosa, tan el papel que se quema o el relámpago de esta tormenta. Tan madre que se suicida en el balcón.
Que lastimoso, que repugnante, que irritantes tus brazos que me persiguen, que conciente, que claro todo, que insoportable.
Que lastimoso, que repugnante, que irritantes tus brazos que me persiguen, que conciente, que claro todo, que insoportable.
Que lastimoso, que... (Y es el momento en que pregunto si me quieres y comienzo a caminar desnuda por la casa)
Si ahora estás sudando, dale 5 vueltas a la cola, luego te sientas en el pasto, y me explicas dónde vamos, que ya no encuentro respuestas. Porque la madre se ha suicidado y el niño llora, y en el chillido escucho una condena, como la tuya y la mía, como los cuervos, como las latas, como los cuentos. ¿Cómo?
Y aún reitero, y desespero, pero si en el espejo estás yo no te veo.
Quiero que asome esa luz de la que hablamos en las tejas, concentrate!
Una ráfaga que absorbe simultánea la paz, la osadía y los reproches.
¡Qué maravilla! Pero sólo si pudieras sentarte en el pasto, dejar de darle vueltas a la cola y explicarme a dónde mierda vamos. 

lunes, 5 de septiembre de 2011

La ciudad dormida

Cuando la ciudad duerme, hay una espera ficticia.
¿Cuántos de ellos estarán haciendo el amor,
o mirando una película y atragantándose con chocolate?
¿Cuántos de ellos estarán soñando un paisaje hermoso,
o en una pesadilla donde les pesan los pies y algo los persigue?
¿Cuántos de ellos estarán maniatados o amordazados,
o realmente sedados,
verdaderamente dormidos?
Todos, o la mayoría.
¿Cuántos tendrán los ojos apretados fuertemente,
y amanecerán con un dolor de cabeza insoportable?
Si es que despiertan.
Si es que los abren.
¿Y qué,
si yo,
sentada en mi ventana,
también estoy soñando?

domingo, 4 de septiembre de 2011

Rescate

¿Dónde estarás, querida? Que en esos ojos hay un abismo tan profundo. Quise encontrarte y me perdí, quiero recuperarte querida, y no te encuentro. Te recorro enfurecida, al borde de perder la paciencia y quizás la cordura igual o un tanto más que vos.
Y no te encuentro. Me cubro de tus brazos, busco intensamente en tus pupilas, pero te has ido lejos. Nos separa un vacío estructural, y unos cuantos años. Es que hace tanto, querida, que no te veo sonreír, que hasta he empezado a dudar que vayas a volver. Estoy dudando, tu imagen me persigue, me envuelve un miedo hacia mi propio futuro, hacia el mío mismo que podrá ser el tuyo también. Me aterra querida, me dispara en el pecho como una bala de cañón que me voltea de nuca en la tierra, y se hunde en mi estómago, me quita la fuerza para respirar.
Me estás pidiendo a gritos que te salve, y no te encuentro, no puedo verte siquiera, pensar que en esos labios hablás vos, dejar de creer que alguna cosa extraña te ha consumido e invadido tu cuerpo -o tal vez no tan extraña-.
Algún parásito te ha elegido de morada y nada queda por hacer. Estás perdida, querida. Maniatada en una sala oscura quién sabe dónde, avergonzada, ya lo sé. Encerrada en un lamento que no tiene fin, que no ha tenido principio, que simplemente se desarrolla, se me rebela, eterno y paralítico. ¡Que impotencia querida! Escucharte quejar desde tan lejos, correr a tu rescate y no encontrarte, no encontrarte en ninguna parte.

sábado, 30 de julio de 2011

Utopicidas

Si escribo esto no me muero,
aunque,
si dejo de escribirlo,
quizás me muera.
O aún peor,
entre como polvillo en el aire,
a la masa que cada mañana,
asesina un sueño en un maletín.
Y es que tengo que admitir,
que no comprendo a los seres de este plano,
que se me hace imposible,
si es que acaso lo intento.
Y es que acá adentro,
todo es tan distinto.
En fin, no se qué quiero,
mientras tanto espero,
que venga un rayo de luz,
y me devuelva al lugar de donde vengo.
Mientras tanto intento,
quitarle el plomo a los tobillos,
a ver si despego.
Mientras tanto,
recorro los desarmaderos,
los basurales,
de lo que ellos desechan yo me alimento.
A los sueños que estaban muriendo,
ahogados en un maletín,
los rescato y los estrujo,
los perfumo y me los quedo,
les canto, les regalo flores,
y los dejo habitar.
Si en mi pequeño paraíso,
hay un baile cada madrugada,
y una avioneta espera sentada,
para planear sobre la ciudad.
Yo no se
por qué esta todo tan lejos
pareciera inalcanzable,
y yo no soy,
no puedo ser,
ni siquiera pertenezco.
Porque de lo que ellos desechan yo me alimento,
y en mi terraza que da al cielo,
en la terraza que no tengo,
voy construyendo la nave,
que me llevará de regreso,
porque no quiero quedarme.
No quiero,
un día,
entrar como polvillo en el aire,
a la masa que cada mañana,
ahoga un sueño dentro de un cajón.

martes, 26 de julio de 2011

La pluma

Sigue dando vueltas en la cama.
Entre sueños descubre un pastizal verde, va caminando hacia el sol, envuelta en vestiduras blancas que encandilan. Los pies descalzos, ya insensibles, el pelo suelto, un viento norte que no refresca, pero acompaña.
Da pasos firmes, pasos definitivos, no sabe a dónde va pero pase lo que pase, será imposible retroceder.
Camino al despojo total, a un estado superior quizás. Al final de algo.
El olor de la hierba la santifica, la rodea embelesando cada movimiento. Con los brazos abiertos, recibe la energía de ese astro que ahora la mira y la desea. La piel blanca y tersa, se deja acariciar sensual por esa luz.
Ha llegado el momento, el borde de un abismo que alguna vez la hizo temer y al que ahora ansía entregarle todo de sí misma, dejarlo apoderarse por completo de su ser en agonía.
El gran momento, pesada como una pluma pide bailar con el viento, le grita al sol, que la desea insólitamente, y comienza el ritual.
En un suspiro profundo todo el olor de la hierba se apodera de su alma, y ya está lista. Junta las piernas en puntas de pie, ojos cerrados, manos abiertas al cielo, al sol que la desea y la reclama junto a él.
Las ropas se han rasgado, comienza la danza eufórica de la pluma en el viento, comienza el sacrificio y...
Oye un ruido en la ventana.
Está toda transpirada, el insomnio la empapa. Deberá levantarse, lavar las sábanas y el pijama, fumar un cigarrillo, tomar un vaso de agua.
Recuerda el ruido en la ventana.
Corre las cortinas, no hay nada. Un viento atroz, una tormenta en madrugada.
Gira el metal frío, deja correr el viento que esta vez no es norte pero es insaciable, y llueve. En la habitación se han volado todos los papeles, las fotos, la ropa desparramada.
Pone un pie fuera, en el techo. En las tejas húmedas, mas bien mojadas. Al salir engancha un clavo y en el pijama un tajo, que reconoce porque siempre ha estado ahí.
La lluvia la limpia, la lava, la reconforta. Con el rostro hacia el cielo se deja refrescar, se despoja de su cuerpo, del camisón blanco. El viento le acomoda los cabellos, se pone en puntas de pie, y con los brazos al cielo, pesa lo que una pluma,
y ha empezado a amanecer.

sábado, 16 de julio de 2011

Por la autopista

Calmar un poco la ansiedad.
Sentarnos en la orilla,
fumar un chino,
sentir la brisa.
Cerrar los ojos maniatados en la oscuridad,
y encontrarnos un rostro en las cenizas.
¿Y qué pensás de la autopista?
Quizás enamorarnos,
formar una familia.
En el amor yo ya no creo,
pero quizás alguna noche,
besarnos,
bailar una milonga,
contarnos un secreto.
Mirar tus ojos,
el negro de tus ojos,
y que me mires,
y creer que entiendo lo inentendible.
Que encontré lo que no andaba buscado.
¿Y qué decís de la autopista?
¿Qué te parece si nos vamos de viaje?
Si dejamos todo de una sola vez.
Me gusta tu sonrisa,
el gesto que hacés cuando no entendés nada.
Me gustan tus caricias,
tu aliento en madrugada.
Me gusta que nunca digas nada,
cuando estallo en palabras
y hay como una pausa en el instante.
Cuando se asoma una lluvia,
que agudiza el olor de mi tierra.
Que inunda los jardines,
los baños,
las miserias.
¿Y qué creés de la autopista?
¿Qué te parece si llenamos el baúl de recuerdos gratos y nos vamos de gira?
Si resumimos la vida en una canción,
le sonreímos a la gente,
hacemos de ese sitio un lugar mejor.
Mirá si el tiro me sale mal y me empalago.
Mirá si empiezo a creer que me cambiaste la vida.
Mirá si empiezo a existir y dejo de pensar.
Mirá si empiezo a vivir y dejo de soñar.
Mirá si un día me mordés el labio y empiezo a sangrar,
y me descubrís,
y me bautizás.
Mirá si empiezo a envejecer y me pongo a llorar.
Y te dejo ver quién soy,
-no yo, sino la de verdad-
¿Y qué opinás de la autopista?
¿Por qué nos llama, nos mira?
Creo que lejos podría jugar a amar,
pero sólo creo, si me alejo y vos,
si vos me invitás.

martes, 12 de julio de 2011

Dos extraños bailando en las sombras

Pinta como pinta, la luna les pinta la cara de pálido. Suena, qué suena, la música extirpa sumerge, confiesa. Bailan, mueven, giran, se toman de las manos, susurran, se mienten. Se miran, se atrapan. Prometen, sin caso prometen. Se sienten, los cuerpos, la ropa, las manos, desgracia.
Ya no estamos para esto, sólo quería saber si estabas despierto.
Y grita, a ver si alguien responde, a ver si hay humanidad tras ese cuerpo. Pero ni eso. Sacude, rezonga, recrimina, reprocha. Ni eso, acrílico o porcelana. Nada.
Una persona, quiero ver una persona. Pero ni eso.
Ya no pide cariño, no pide siquiera respeto, no espera nada, un sorbo de verdad, una descarga eléctrica y nada. No hay nada.
Ya no necesita ni que le demuestre afecto, un sorbo de verdad, un sartenaso. Pero ni eso.
Solo giran, se mueven, se tocan, carne, piel, sudor. Hace frío afuera, y adentro, que frío que hace acá adentro. ¿Hay alguien?
Sacude, de nuevo, y no reacciona. Se le quemaron los libros, se le cayeron las horas. Ahora. Dos extraños bailando en las sombras.
Si te he visto ni me acuerdo, ya están mareados. Y el tiempo les pesa y las copas. Un sorbo de verdad, quisiera ella, para calmar la resaca, pero ni eso.
Sucumben, no hay ojos, no hay nada. Tras ese cuerpo no hay nada, porcelana o acrílico. Nada. Un par de extraños, una nueva historia, siempre lo mismo, siempre deshonra.
Son dos extraños bailando en las sombras, y el cuerpo, esos cuerpos, memoria física, lamentos. Ya no, ya no estamos para esto, solo quería ver si estabas adentro. Pero ni eso, no hay nadie. Qué pena. Había un cartel que decía “abierto”, pero ni eso.
¿Hay alguien ahí? Un sorbo de verdad, en serio, no le pongo precio.
Ya no se reconocen, no pueden quedarse quietos, otra mentira, otros sujetos. Perfecto, este era el último intento, ya no voy a apostar, como hace el resto. Ya veo, tienen razón, ellos llegaron antes, encontraron el lugar vacío donde debías estar vos. Pero ni eso.
Ni siquiera estaba buscando afecto, no, ni eso. Sólo quería saber si estabas despierto, si estabas adentro. Pero no, ni eso. Acrílico o porcelana. Nada.

miércoles, 6 de julio de 2011

¡Héurēka!

Tras una y otra vuelvo a plantarme sobre esa frase que me respalda, tras la cual me escondo.
La corroboro, la rectifico, la repito como un canto una y otra y otra vez. Me descubro sola, las sonrisas me cierran las puertas, es sol se burla a carcajadas y yo sola.
Me refugio en lo más rebuscado de la miseria humana, entiendo, supero, cambio dolor por aprendizaje. No hay un cielo, no hay un tope porque siempre busco más.
Vivo en expedición interminable, se reinventa, cambia de forma, de color, a cada paso y me sorprende, a veces hasta me sorprende.
Descubro las ideas, el egoísmo infinito. Estoy mirando, estoy viendo todo cariño, hay tanto polvo escondido. Y yo que a veces me siento culpable, nada me frena, todo me consolida bruta, injusta, desagradecida.
Y yo que a veces me siento culpable, el mundo es un lugar tan detestable cariño.
Si te explico, si te explicara. No hay oídos que soporten, mejor dejarlo. Mejor engañarse, creer en todo, confiar, reír, cantar.
Mejor dejarlo pasar, mirar fotos, guardar momentos. Imágenes sueltas que no describan exactamente lo que pasa. Exactamente lo que las rodea. Esta oscuro.
ADios. Ni a mí ni a ninguna. ADios.
Me subo en tu frío trono, clamando a gritos, ADios. Si hay un fondo, ¿Dónde está? Hay alguien más en esta habitación.
Me explico, me doy razones baratas, pretextos, patrañas.
Cariño no me corras, no me espíes, ¿Hay alguien más en esta habitación? Olvido, dos medidas por favor y un tinto. Quiero desconocer lo que ya he descubierto.
Me convenzo, me insisto, me zambullo.
Tijera, ruidos, huecos. ADios, repito y no comprendo, o sí, pero no quiero, cariño.
Sí, hay un fondo.
Cuero, rejillas, desagües. ¿Hay un fondo? Pregunto. ADios. Silencio. ¿Dónde está?
Colapso, desespero. Silencio, 7 puntos paralelos, 7 días las semanas. Un consuelo, ¿Dónde está? ADios. Silencio.
¿Hay alguien más en esta habitación?
Te prejuzgo, te dejo afuera, siempre de lejos, te estudio. No hay confianza en estos ojos no me pidas que me pierda. No me dejan, estas frases no me dejan, me repelen, me cortan el oxígeno, me oprimen cariño. No quiero ser así, pero es sincero.
Está oscuro, ¿Hay alguien más en esta habitación?. No me entiendas, cariño, y no me juzgues.
De verdad ya no somos tan pocos los que vemos, pero todos quisiéramos estar ciegos.

domingo, 26 de junio de 2011

Malditas, putas pulgas

Me despertaba cada mañana con una picazón insoportable, horrible, incontrolable. Lleno de ronchas en todo el cuerpo y no podía evitar gritar: "Malditas pulgas" y sentir sus risitas agudas entre las sábanas.
Nada de esto es real, repetía. Pero las ronchas estaban y también la picazón. Malditas pulgas malditas.
Todo esto duró exactamente 27 noches. Irse a dormir, abrir la cama, revisarla por completo, sacudir todo para no encontrar absolutamente nada, ningún rastro, nada. Acostarse pensando que quizás esa sería la excepción y levantarse con la misma puteada en la punta de la lengua. Ya las voy a agarrar hijas de puta...
Pero nunca podía, era como si desaparecieran cada mañana.
Recuerdo perfectamente la primer noche, volví asquerosamente borracho, con una angustia que no se ahogaba ni siquiera en el alcohol, ni siquiera se sedaba, se atenuaba. Cuando sentí la cama bajo mi pesado cuerpo fue como una bendición. Podía sentir que no estaba solo, y esa extraña presencia fue bienvenida, como una compañía agradable en momentos en que uno quisiera ser el único habitante del
planeta.
Y me dormí tranquilo, tranquilo porque estaba solo, pero no lo estaba. Quizás había encontrado el amor perfecto. Sí, esa era exactamente la sensación. Pero de amor no se un pedo, así que quién sabe...
Simplemente me dormí tranquilo, pero a la mañana siguiente ronchas, picazón...
El primer día no le di importancia, pensé en una reacción alérgica, o alguna de esas malas pasadas que nos juega el cuerpo cuando no lo conocemos.
Pero noche a noche la cosa se ponía peor, entonces empecé a escuchar las risas y supe que ellas estaban ahí. Las macabras risitas agudas. Putas pulgas.

El fenómeno me empezó a joder la vida, porque obviamente no podía llevar visitas eventuales a revolcarse conmigo, después deparramarían rumores de alguna enfermedad contagiosa...
Llamé a un exterminador de plagas, esos tipos que vienen con una máscara de gas y a mi sólo me recuerdan a los caza-fantasmas pero con menos experiencia. Fumigó todo y me prometió 99% de efectividad, pero siempre tengo la suerte de ser parte de la minoría.
No sólo no cedieron, como si tuvieran sed de venganza, esa noche fue la peor de todas. Y las risitas más agudas y más fuertes. Malditas pulgas.

Pero apenas revisaba la cama desaparecían las muy hábiles, entonces pensé que por algún lado debían estar entrando y saliendo. Cubrí las ventanas con cartones y cinta scotch. Cellé todas las aberturas, cuando abría la puerta, eventualemente, lo hacía rápido, muy rápido y vijilando.
Pero ellas seguían burlándome, aprovechándose de mí. Aparecían y desaparecían cada noche. Putas, malditas.
La mañana 27 comprendí lo que debía hacer, si no abandonaba la cama, podría vigilar todo el tiempo. Y así lo hice y no volvieron, porque me temían, a pesar de todo me temían.
Entonces no volvieron y yo comencé a sentirme muy sólo, como si hubiera perdido al amor perfecto quizás. Pero de amor no se un carajo así que quién sabe..

jueves, 23 de junio de 2011

Entre las cuerdas

Esto de estar así, tan entre las cuerdas, tan esperando el tecer golpe en las tablas.
Esto de estar mirando el cielo con una lágrima al borde de cada ojo y siempre al borde, intentando encontrarte en la silueta de alguna nube.
Estos días tan horribles, tan grises, tan de mierda, en que miro una foto o leo una carta y me pregunto ¿dónde estarás?, ¿qué nos pasó?
Y me refugio en la bronca y las ideas suicidas, en los semáforos en rojo y la velocidad.
Estoy tirada en mi cama, fumando y escuchando jazz, afuera llueve y cualquier excusa es buena para llorar, pero no sirven.
Sólo te extraño, me golpeo el pecho y te extraño inmersa en este dolor inconfundible y me convenzo más y más de que nadie me entiende. Escucho sus planteos, sus problemas, sus reproches y sus exigencias y me convenzo, y te extraño y me pregunto ¿donde estarás?, ¿qué nos pasó?
Y los discos allá siguen dando vueltas y no me puedo subir, si me detengo el mundo me aplasta, es una esfera gigante, pesada y gigante que gira, pero no quiero pelear más.
Quiero arrancarme esta sensación tan puta de estar sola, arrancarla y si puedo, de paso quitarme el corazón.
Sonreir como Dios, las publicidades y la familia mandan. Prenderle fuego a mi cabeza en una olla con alcohol y soñar, que la historia se parece más a los sueños.
Sueños donde vos si estás y no tengo que mirar al cielo y preguntarme ¿dónde estarás?, ¿qué nos pasó?
Sueños donde no es carnaval, donde todos no son más que lo que son, y no hay lástima, no hay máscaras ni Venecia. Donde estás vos y estoy yo, y el mundo es un lugar agradable y no hay dolores inconfundibles, ni pesadillas cada noche. No hay nubes, no hay lluvia, ni gris, ni cielo; y no hay que pelear más.

Viernes despedida

Nos dirigíamos al sur para encontrar al verdugo. Yo tenía un dolor de estómago insoportable, de esos que parecen perforar las entrañas. Ella miraba por la ventana como extrañando algo, o a alguien. O quizás como intentando entender, lo que yo ya no intento.
Escuchando buen rock de los 80, como si fuera un día cualquiera. Trataba de recrear en mi cabeza una imagen aproximada de lo que iba a encontrar. Túnica negra, palidez inconfundible. Quizás sólo un último suspiro desesperado.
Estarás durmiendo y no he podido ni darte el beso de las buenas noches, ni contarte un cuento, ni acariciarte la naríz.
Aunque al llegar lo voy a hacer, pero estarás ya dormido.
Al llegar cruzaremos la plaza, saludaremos a un bombero, fumaremos para calmar las ansias y ahí nos internaremos en tu sueño, tu perfecto sueño.
Lloraré un poco a tus pies, ya sin sentido como siempre que se llora, pero me hará sentir mejor, y quizás hasta me alivie esta puntada en el pecho, esta pelota en la garganta.
La ruta es aburrida, el sol intenta hacerse espacio entre las sierras, a la derecha. Y hay cuentos e historias que nos acompañan y nosotras nos acompañamos.
Nos palmamos la espalda y nos hacemos reir.
Porque es lo que queda, porque ella sabe perfectamente que no hay consuelo.
Entonces, entonces nos hacemos las dormidas unos minutos y el viaje por fin termina, y lo saboreamos porque sabemos que será el último.
Y al llegar la plaza, el bombero, un pucho que se enciende y la encandila, es un día precioso.
Pero ahora me toca a mí, a mí sola.
Me siento a tu lado, sé que me estuviste esperando, te digo que te amo y tantas cosas que por suerte ya sabés, que por suerte te susurré al oído hace 5 noches, cuando aún asentías y procurabas responder. Te tomo la mano y me resigno a pensar que pronto te habrás ido.
Que no quedará más que tu recuerdo y una angustia espantosa, penetrante.
Te hablo y vos me escuchás atento, como nunca, y no interrumpís; porque estuviste 12 horas esperando para verme, para que te vea.
Y lloro de antemando, sabiendo que no tiene sentido, como siempre que se llora, que no cambia nada.
Entonces escucho gritos y te veo partiendo, desconsolada me aferro a lo que queda de vos; es tu cuerpo, o tu olor, o tu ropa, o simplemente el espacio vacío. Hay un dolor en el centro del pecho, como una aguja helada que se está hundiendo. Un dolor inconfundible, apenas puedo describirlo, y vos te fuiste.
Y yo te digo que te necesito, que te voy a extrañar tanto... pero no sirve de nada, como no sirven las 172 noches esperando tu partida, haciendo fuerza para asimilarlo, contrayendo la cara, el dolor, el llanto, el corazón. Pero no sirve de nada, porque ya te fuiste y te abrís paso entre un sol incandescente y un cielo completamente azul. Y sopla una brisa reconfortante, pero ya no estás.
Y te voy a extrañar tanto... cada vez que sienta esta aguja helada clavándose despiadada en el centro de mi pecho, cada vez que haga las cosas mal, cada vez que tenga que elegir o ganas de pelear. Cada vez que te nombre y piense en vos. Cada vez que te sueñe abrazándome a la noche, acariciándome el pelo para poder dormir, aunque a mí ni siquiera me guste. Cada vez que una muralla me rodee y me muestre fuerte y egoísta y que nadie lo entienda pero se acostumbren.
Voy a extrañarte tanto... en tus cosas, tus olores.
Y habrá una aguja helada en el pecho, un dolor inconfundible cada vez que sea viernes y el reloj marque las 12.Cada vez que el sol esté incandescente y el cielo así de azul, y que sople una brisa que te lleva, que me susurra al oído que vas a estar bien.

viernes, 3 de junio de 2011

Encamados

Que si te vas dejes la frazada, porque cuando te vas hace frio y a veces por la noche una bola de cristal flota y me susurra cosas al oído, y a mi me espanta.
Quizás sólo la quiera para taparme hasta las orejas, y cerrar los ojos con fuerza para no poder escucharla. Pero dejala, por si acaso, y dejá de reírte también.
Deja la frazada y dejame en paz, que demasiado tengo con los miedos, que en medio de la noche abren la puerta y me preguntan si pueden dormir conmigo; y se me acuestan al lado, y me roban las sábanas y parte de la almohada también.
Pero dejá la frazada que a esa no la voy a compartir.
Dejá la frazada y dejate de despedidas, que estos miedos a la noche me patean y hasta se hacen pis, y no me dejan pegar un ojo y estoy tan cansada...
Dejá la frazada y dejame sola, que en esta cama ya somos muchos.

jueves, 2 de junio de 2011

Snow cristal ball

Me di cuenta lo injusto que es que palabras como sueños, años, daños y engaños rimen tan descaradamente.
Igual de injusto que besarte en la mañana sin importar toda la noche que guarda tu boca, que tenerte desnuda en esta cama viendo tu piel entre las sábanas, como si afuera el mundo no siguiera girando. Tu tersa piel, como si las calles no estuvieran llenas de baches y el tráfico no fuera un completo desastre.
Que injusto, que injusto estar haciéndote el amor y que la realidad golpee la puerta y haga soñar los teléfonos indignada.
Que injusto apoyar la cabeza entre tus pechos y poder sentir tu respiración, como si no existiera la oficina, el pedante jefe, el dinero a fin de mes.
Que injusto que es, mi amor, no poder quedarme indefinidamente en este pedacito de planeta, en estas cuatro paredes que te encierran.
Que injusto que esa sonrisa me devuelva las ganas de vivir, que injusto estar desayunando en la cama mientras miles de niños mueren de hambre en la India.
Que terrible mi amor, que injusto, no entenderías nunca.
Que injusto que nunca pidas nada a cambio, como si el egoísmo no ocupara el vacio en toda la cristalina carne humana.
Que injusto que tu perfume me persiga todo el día, poder sentirte en mi bufanda o en el cuello de las camisas, sentirte y que estés ahí todo el tiempo, y recordar que injusto es...
Que injusto mi amor, que terrible, que la realidad tenga llaves de casa.

Flores de plástico

Las flores se marchitan y los bombones me indigestan.
Mas bien traeme algo que sea impermeable a las lágrimas, algo donde pueda juntarlas y guardarlas para después, para cuando se me acaban y sólo queda un nudo seco en la garganta.
Algo que la bronca no pueda destruir en mil pedazos cuando me cae la luna, y pesa, como pesa la luna.
Algo que se quede quieto conmigo mientras el mundo avanza.
Traeme algo frio y áspero como lo es todo, no me mientas, no me vendas colores y milagros.
Algo que no esté vivo porque me da envidia, y no un peluche, porque juntan polvo y soy alérgica.
Traé alguna otra cosa porque sé que entonces todo esto que podrías traerme va a marearme y a hacer que el piso se empiece a hundir, yo con las uñas me voy a aferrar a lo que quede pero el sonido será insoportable. Me van a rechinar los dientes, empezará a faltarme el aire, la saliva se pondrá espesa. La calma va a agitar las paredes de ese nuevo hueco y ya ni siquiera habrá luz.
Yo sólo esperaré que me tiendas una mano pero estarán llenas de espinas y apenas intente sostenerme voy a empezar a sangrar.
La sangre y las lágrimas se volverán una sola cosa y ahí estarás vos, que te alejás.
Y yo lo entiendo y no te juzgo.
Entonces entendé vos, no traigas flores ni bombones.

lunes, 30 de mayo de 2011

Del fin del mundo

Del fin del mundo escucho hablar a veces a mis amigos. No es el caso de mi ciudad, pero nunca falta el loco con el cartel al cuello proclamando el fin de la humanidad. Dejenme decirles, amigos linyeras y delirantes, que no están tan errados, al fin y al cabo tenemos naturaleza autodestructiva y esto se pone cada vez más negro. Y ahora sí quizás los más locos terminemos siendo los más cuerdos.
Yo no sé que va a pasar, si se va a terminar el agua, o la frecuencia vibratoria va a cambiar, o quizás los compadres del norte desaten una guerra nuclear.
Pero tampoco me interesa.
Lo que me pregunto es por qué esa manía de ser el centro del universo. Lo que me pregunto es por qué nadie se pregunta si esto no es un ciclo, y cuántas veces se habrá repetido.
Un ciclo de millones de años. Hoy el fin y mañana puro vacío, una partícula que explota en mil pedazos, el universo. Y después el sistema solar y de repente un planeta inhabitable, y despues atmósfera de nuevo, tormenta y organismos unicelulares. Algas, peces, anfibios, reptiles, dinosaurios, meteorito. Mamíferos, monos, hombres primitivos. El fuego, la agricultura, la escritura; y a escribir una nueva historia que quizás sea la misma pero quizás no.
Y de nuevo descubir la electricidad y la pólvora, la bomba nuclear y destruirnos unos a otros, agotar los recursos, contaminarlo todo y después, después el fin del mundo de nuevo.

Carta 117

Querido:

Acá la gente cada día está más loca, hay que salir a la calle y aguantarse a unos personajes con carteles colgando al cuello que anuncian el fin del mundo. No soportarías un minuto, saldrías con el rifle de aire comprimido a toda hora. Yo no creo en la predicción de los mayas y toda esa cosa, pero igual trato de vivir el día a día y no planear nada, como vos me enseñaste (Bueno no vos justamente, pero algo de vos me enseñó.). Trato de estar en paz con todos por acá, aunque desde que te fuiste importan poco los problemas y los conflictos es como si me pasaran por encima, apenas rozándome, hay mucha gente que piensa que soy egoísta pero no entienden nada, vos sabés que no entienden.
Te extraño mucho, nunca te había extrañado antes, más bien siempre estiré los tiempos para verte, lo más que pude. Pero ahora que estás lejos te extraño, como si la distancia tuviera algo que ver con el afecto. Cómo me gustaría escucharte tocando bocina en la puerta de casa, o llamando a toda hora y protestando porque nunca te atiendo, porque no tengo batería o no tengo crédito o te escucho mal y tenés que repetir todo dos veces.
Me gusta la vida que tengo, a la mañana trabajo, voy a la facultad a la noche (me está yendo bastante bien en la facultad, ¿sabes?, no sé si los chicos te cuentas esas cosas) y a veces me acuesto tarde y trasnocho; aunque no te guste pero estás muy lejos para seguir “ordenándome” la vida.
Yo sé que de todas formas estaría orgulloso si me vieras rindiéndo los exámenes y ahorrando mi plata porque voy a cambiar el auto, ¿te acordás que te dije que iba a comprar uno con aire cuando pudiera? Seguro que no, pero estarías orgulloso, como sé que estuviste siempre aunque te empeñabas en decirme lo contrario.
Otro novio no tengo aunque, cuando encuentre espero que sea bien diferente a vos, no te ofendas, estoy segura que estás cambiando mucho tu forma de pensar, pero nosotros chochábamos mucho y creo que es lo mejor..
Te escribía para decirte que te quiero, te lo dije cuando nos despedimos pero no sé por qué siento que no escuchaste (dijiste –yo también- pero es como si no hubieras entendido realmente). Te quiero, te quiero muchísimo, siempre te quise aunque no nos pareciéramos en nada y fuéramos exactamente iguales, aunque nos la pasáramos peleando. Te quiero tanto...
Ahora es difícil, porque estás lejos y a mi me gustaría hacer tantas cosas con vos, pero ya nos volveremos a encontrar, ¿no?, así que yo hago todo esto sola y espero que estés de acuerdo con las decisiones que estoy tomando, te pregunto a veces, pero no respondés. Yo no entiendo por qué no respondés las cartas, no sé si estarás enojado o no podés mandarlas, o si allá habrá alguna especie de restricción. Espero que al menos las estés recibiendo, si, yo estoy segura de que las recibís.
Tengo mucho que contarte pero se hizo tarde y me tengo que acostar, ahora voy a dormir soñando que me abrazás y me acaricías el pelo como cuando estábamos juntos, ¿te acordás?, y mañana cuando vuelva a casa te escribo de nuevo, como todas las noches.

Un beso enorme

miércoles, 18 de mayo de 2011

Ahora o nunca

Ahora que quiero pensarte,
un ataúd hecho cenizas,
y no un fantasma blanquísimo,
arrastrando cadenas por la noche.
Ahora quiero inventarte,
de nuevo y de papel,
a ver si vagas inmortal,
entre las hojas.
A ver si guardo algo,
de lo poco que fuiste.
Empiezo a despedirte de antemano,
y cada letra es una lágrima,
que corre desde un ojo hasta la palma,
y se refugia en la tinta,
y ya está más disimulada.
Ahora que los días pesan
y van en cuenta regresiva,
y que el dolor no es más,
que darte la mano
o acompañarte hasta la cama.
Ahora que el mundo se deja ver
tan humillante,
tan detestable,
y que las horas son como parásitos,
que uno desearía no tener.
Te encierro en frases tristísimas,
te descubro en canciones
que ayer no significaron nada.
Y te retengo con uñas y dientes,
en mi cuaderno que es como un cofre,
o una fotografía,
que guarda lo que no tendré,
de lo que tuve.
Ahora el bolígrafo es una cadena,
que te ata inmóvil a mi memoria,
y te devuelve la vida,
en un barco que siempre está zarpando.
Ahora que esta despedida,
empapa todos mis valores,
todos mis conceptos,
y me devuelve de acero,
impenetrable.
Ahora las palabras buscan arroparte,
en este instante del tiempo,
para encontrarte exacto cada vez que sea cierto,
que te has ido para no volver.

sábado, 14 de mayo de 2011

Mi amor

Voy a acostarme a tu lado por última vez y a decirte que te amo.
Y me vas a escuchar porque ya me ignoraste tantos años.
Y no me vas a mirar a los ojos porque nunca lo hiciste, y estarás mirando hacia arriba, hacia el techo que es blanco y con una espantosa mancha de humedad.
Voy a acostarme a tu lado por última vez que sé que aunque ahora estés con ella yo seré siempre la mujer de tu vida. Tu hormiguita viajera con esta mochila que me supera 10 veces.
Voy a decirte al oído que te amo porque no te lo dije nunca y no lo sabés. Porque me empesiné en demostrarte lo contrario, pero ahora que mis pequeños brazos llegan a rodearte todo entero, es muy diferente.
Ahora que puedo abrazarte en esta cama que nunca nos vio dormir juntos, que sólo la vio a ella, voy a decirte que te amo, sólo para que lo sepas.
Sabiendo que no cambia nada, que la vida seguirá siendo igual de triste cuando me vaya. Pero aún así vas a saber que te amo, y los días serán algo menos insoportables.
Voy a abrazarte y a decirte que te amo y cuando cierres los ojos, te quedarás conmigo para siempre.

Rakata-pum-pam

La vida es una habitación oscura en la que a veces entra un pequeño rayo de luz.
Las personas felices tenemos las pupilas dilatadas y podemos distinguir siluetas hermosas rodeándonos.
La vida es una habitación oscura repleta de obras de arte.
El resto de la gente se pasa los días mirando un pequeñísimo agujero en la pared.
Un pequeñísimo agujero por el que alguna vez entró un pequeño rayo de luz, que les dejó ver un par de obras hermosas.
El resto de la gente cree que las únicas obras son aquellas que el pequeño rayo de luz alguna vez alcanzó y que el resto de la habitación está vacía.
La vida es una habitación oscura y hermosa, en la que a veces entra un pequeño rayo de luz.
El resto de la gente se sienta al lado de un pequeñísimo agujero a esperar que alguna vez vuelva a entrar un pequeño rayo de luz, y se pasa los días lamentándose por esas pocas obras hermosas que no puede ver.
La vida es una habitación oscura, hermosa y muy fria, es una habitación helada.
Las personas felices, que tenemos las pupilas dilatas, encontramos entre tantas hermosas obras un ovillo y dos agujas; y nos tejemos un abrigo.
El resto de la gente está sentada esperando en frente de un pequeño agujero, y a veces entra un pequeño rayo de luz; pero no ven el ovillo porque quieren recibir todo el calor posible.
La vida es una habitación oscura, hermosa, muy fría, helada, donde hay obras de arte, hay un ovillo y una escalera.
Las personas felices suben los escalones, al llegar al final una voz les chista desde arriba, y al mirar, aparece un escalón más.
Las personas felices se desangran para subir ese último escalón y al llegar una voz les chista desde arriba, y así es cada vez.
El resto de la gente se sienta en un sillón muy cómodo que vió una vez entre unas pocas obras de arte, que está al pie de la escalera; porque una vez subieron un escalón y se les apareció otro.
Entonces el resto de la gente baja y se sienta en un sillón muy cómodo, mirando hacia un pequeño hueco en la pared, por el que alguna vez entró un rayo que les dejó ver un  par de obras hermosas, una escalera que no termina nunca y un sillón; y se lamenta.
Y al lado del sillón hay un ovillo y dos agujas pero el resto de la gente no lo ve porque quería recibir todo el calor de un pequeño rayo de luz.
En fin, la vida es una habitación oscura, con un pequenísimo hueco en la pared, por el que a veces entra un pequeño rayo de luz que hay que saber aprovechar. Muy fria, helada, con una escalera que no lleva a ningún lado y un sillón muy cómodo donde uno puede sentarse a esperar.
En fin, la vida es una habitación oscura donde se te dilatan las pupilas, hermosa. Muy fria, con un ovillo y dos agujas y una escalera desde la cual se pueden ver miles de obras de arte al mismo tiempo, y por suerte es cada día más alta.

sábado, 7 de mayo de 2011

Venus

Se te pintan los ojos de alas.
se te vuelan las cejas,
se te tiñe la cara.
Vas contando de dos en dos los saltitos,
y al final estará el cielo y un par de brazos,
que te llaman:
Hermosa, desorbitante.
Crítica, maniática, espeluznante.
En un cerrar de ojos se fue el otoño
y ya no queda más que frío y mucho gris,
que pullovers enormes que pican en el cuello
y no abrigan los pies.
No quedará más que la tierra,
revolcándose insistente sobre sí misma,
terrible, arrasadora.
Contaminando el aire,
causando alergia a más no poder,
y moretones.
Como los sueños.
Como la magia y el amanecer,
temprano,
en una cama que no es la propia,
con olor a sexo y muy poca ropa.
Un extraño que yace al lado y te despide,
con un beso en la mejilla.
Hay que salir a la calle a veces,
volver a casa y mirar al sol,
a esas pupilas tajantes,
o dejar que castigue en la espalda.
Con ojeras y medias negras que no duran ni una noche.
Con una culpa insoportable,
contando las baldosas, mascando chicle.
Como si no pasara nada,
como si estuvieras conforme.
Como si el humo se ocupase de taparlo todo,
saliendo de las chimeneas que están arriba y lejos.
Sólo porque te empalaga la omnipotencia.
Sólo porque la brisa te endosa al oído una canción que no termina nunca.
Y empezás a saltar de nuevo,
y de dos en dos llegás al cielo.

miércoles, 27 de abril de 2011

Salir a la calle

Dos semanas atrás había leído la noticia en el diario, un chico de unos 23 años iba caminando por nueva Córdoba y de repente se le cayó un balcón en la cabeza. Como un piano marca acme, sólo que él no era el correcaminos y la enorme masa de cemento lo aplastó. Internado en estado grave.
Me había invadido una sensación extraña, aquella que alguna vez quiso asomar al ver en las noticias los muertos en un accidente entre dos colectivos, en el tsunami de japón o la guerrilla de Egipto, pero no había pasado del intento.
Una sensación distinta, al darme cuenta de que podía salir a la calle y que algo cayera del cielo y terminara con mi vida para siempre. Salir a la calle uno de estos días y no volver nunca.
Que lástima sentía por ese pobre pibe, pobre.
Salí temprano de casa porque quería pasar por una fotocopiadora camino al trabajo, me bajé del colectivo en el Disco que está pasando Cañada y Colón, saqué las copias y enfilé para la oficina. Pasé 9 de Julio, Dean Funes y llegando a 27 de Abril...


En la sala de terapia intensiva sólo se escuchaba un chillido continuo, pero en el pasillo el pibe de 23, ya recuperado, se había enterado y le daba el pésame a mi mujer, salir a la calle y no volver.

viernes, 22 de abril de 2011

Señor Maestro


"El problema de un hombre que descubre de golpe que una fatalidad biológica lo ha hecho nacer y lo ha metido en un mundo que él no acepta."

"En Los premios hay ese fenómeno, esa toma de conciencia de las limitaciones lingüísticas de un escritor; el hecho de que el lenguaje es una herencia recibida, una herencia pasiva en que él no ha tenido ninguna intervención. El lenguaje, la gramática, el diccionario, él los recibe como recibe la educación que le dan su madre y su maestro."

"Cambiar la realidad es en el caso de mis libros un deseo, una esperanza; pero me parece importante señalar que mis libros no están escritos, ni fueron vividos ni pensados con la pretensión de cambiar la realidad. Hay gente que ha escrito libros como contribución para una modificación de la realidad. Yo sé que la modificación de la realidad es una empresa infinitamente lenta y difícil. Mis libros no son funcionales en ese sentido. Un filósofo escribe un sistema filosófico convencido de que es la verdad y se supone que eso modificará la realidad, puesto que él supone que tiene razón. Un sociólogo establece una teoría y es lo mismo. Un político también pretende cambiar el mundo. En el caso mío el plano es muchísimo más modesto. Digamos que es Oliveira que habla; volvemos a uno de los temas constantes de Rayuela. Yo tengo la convicción profunda, y cada día que pasa la siento más profundamente, de que estamos embarcados en una vía, en un camino equivocado. Es decir que la humanidad se equivocó de camino. Estoy hablando sobre todo de la humanidad occidental porque de la oriental no sé gran cosa. Embarcados en un camino históricamente falso que nos está llevando directamente a la catástrofe definitiva, a la aniquilación por cualquier motivo: bélico, polución del aire, contaminación, cansancio, suicidio universal, lo que tú quieras. Entonces, en Rayuela sobre todo, hay ese sentimiento continuo de estar en un mundo que no es lo que debería ser porque—y aquí hago un paréntesis que me parece importante—, ha habido críticos que han pensado que Rayuela era un libro profundamente pesimista en el sentido de que no se hace en él más que lamentar el estado de cosas. Yo creo que es un libro profundamente optimista porque Oliveira, a pesar de su carácter broncos, como decimos los argentinos, sus cóleras, su mediocridad mental, su incapacidad de ir más allá de ciertos límites, es un hombre que se golpea contra la pared, la pared del amor, la pared de la vida cotidiana, la pared de los sistemas filosóficos, la pared de la política. Se golpea la cabeza contra todo eso porque es un optimista en el fondo, porque él cree que un día, ya no para él pero para otros, algún día esa pared va a caer y del otro lado está el «kibutz del deseo», está el reino milenario, está el hombre verdadero, ese proyecto humano que él imagina y que no se ha realizado hasta este momento. Rayuela es un libro escrito antes de mi toma de conciencia política e ideológica, antes de mi primer viaje a Cuba. Yo me di cuenta muchos años después que Oliveira es un poco como Lenin; y no tomes esto de manera pretenciosa. Es una comparación analógica, en el sentido de que los dos son optimistas, cada uno a su manera. Lenin no habría luchado todo lo que luchó si no hubiera creído en el hombre. Hay que creer en el hombre. Él es profundamente optimista, lo mismo que Trotsky. Así como Stalin es un pesimista, Lenin y Trotsky son optimistas. Y Oliveira a su manera mediocre y pequeña también lo es. Porque de lo contrario no hay más que pegarse un tiro o sencillamente seguir viviendo y aceptar todo lo bueno que hay en esta vida. El occidente tiene muchas cosas buenas.
Entonces la idea general de Rayuela es la comprobación de un fracaso y la esperanza de un triunfo. El libro no propone ninguna solución; se limita simplemente a mostrar los posibles caminos para echar abajo la pared y ver lo que hay del otro lado."

Cortázar por Cortázar
México, Universidad Veracruzana, Cuadernos de Texto Crítico. 1978.
Por Evelyn Picon Garfield

 

Hoy te crucé

Hoy te crucé, eras, para resumir, 19 kilos menos. 19 kilos menos de dignidad, de eficiencia, del equilibrio perfecto, de mano dura y fuente de temor. Ya no asustas a nadie, aunque seguro, muy seguro, que ya nadie va a tomarte el pelo.
Hoy te crucé y ahora sos vos el que tiembla de miedo, peleando a capa y espada contra un dragón que escupe fuego, que casi nunca te levanta el ego, pero no te permite caer.
Hoy te crucé y caminabas despacio, contando uno a uno los pasos que faltan para llegar, tachándolos en tu libretita de bolsillo.
Hoy te crucé dopado y tartamudeando, aunque quizás ese maltrato intermitente, sea lo único vivo en vos.
Hoy te crucé con la cabeza atrofiada, una bala en pecho y unas cuantas más abajo, y un rencor insoportable en la mirada.
Hoy te crucé y espero volver a hacerlo mañana.
Aunque si te vas, ojala sea porque querés. Ojala no te lleve ella a ningún lado. Ojala la dejes esperando ansiosa, avanzando lento pero firme, arrasando con todo a su paso. Ojala no esté presente en cada fotografía y en cada momento. Ojala te vayas sin dejar ningún recuerdo.
Ojala que lejos te des cuenta que quise quererte, un par de veces, aunque implorabas no hacerlo.

domingo, 17 de abril de 2011

Pathetisch

A partir de ahora pienso iniciar una lucha. Ojala ésta fuera contra algo más que una percepción, quizás así no me molestaría tanto, así tal vez si disminuyera mi tamaño todo seguiría siendo igual de rápido.
Conociendo los recuerdos todo me parece tan extraño, tan ajeno. Qué limitada mi visión de la vida de aquellos que me rodean, qué poco me pertenecen, cuán insignificante puedo ser...
El tiempo es la multinacional más poderosa, y ni los troskos más troskos se animarían a enfrentarla.
Me gusta la idea, un monopolio al estilo Clarín. Aquel que todo lo puede y todo lo maneja, con sus segundos repicándome en el alma como un tambor, único proveedor de momentos.
Se me resbala en las manos, se me patina, se me vuelca encima enchastrándolo todo a su paso, impregnando cada espera, cada silencio, cada final; creando esa pastosa masa en la que resulta casi imposible moverse.
Ay, si pudiera librarme de sus brazos, hipnóticos manipuladores, estimulantes y represores. Quedarme quieta.
Simplemente quedarme quieta y poder ver.
Ay, si me dejara en paz, insoportable midiéndolo todo. Maniático del orden y la paulatinidad.
Y los veo destruyéndose unos a otros, intentando llenar cada espacio de vacío con éter, negados a aceptar la existencia de la nada. Patéticos.
Dando todo por hecho, resignándose a las horas, a los minutos, a la muerte que algún día llegará. Patéticos.
Quiero salir a la calle y regresar ayer, mirarlo a los ojos y decirle que no me importa si quiere continuar, que yo me quedo acá. Y que me abandone en algún sitio, y poder ver. Si, ver, porque me cansé de que me ponga pautas todo el tiempo, el tiempo.
Salir a la calle y regresar ayer, y burlarme de todos estos, escuchándome hablar de Einstein y creyendo que voy a enloquecer. Patéticos.

lunes, 11 de abril de 2011

Torelatit de una noche de verano

A dos personajes que últimamente me dedico a conocer



Pibe se negaba a jugar a la pelota, le dijimos que pateara allá, al fondo a la derecha donde siempre está el ñoba, pero no quería, le gustaban las muñecas, a jujeño le gritaron "la concha de la pacha mama" y yo no pude evitar largar un "la concha de la iuta"... El negro me miraba fijo y el negro feo se estaba calentando...
Entonces nos fuimos para la cañada y en frente de setalos de pol hicimos los chascarros correspondientes:
-Te tiene que gustar mucho la poronga para...
Y los que pasaban se reían, una banda de contagiosas las risas ajenas.
En la rosadita uno de nosotros, ya no sé quién fue, le gritaba al cartel, Mestre vos también, vos también la tenés adentro, y se persignaba.
Pasaban autos y sonaba Charly, Charly Jimenez papá, y manitos en diagonal al cielo y unos cuantos silbidos.
Yo empecé a divagar -si, creo que fui yo-, pero ellos contaban hasta tres y con la mandíbula hacia abajo estiraban ese espacio que está entre el labio superior y la nariz.
Ella no paraba de hablar de armonía pero él decía algo de un termo y estaba tristazo, y la conversación carecía de seriedad, como siempre o casi siempre, siempre lo mismo con vos.
-Si Aznar se arrodilla yo también, una banda de rodillas.
-Este lugar es lo que garpa
-¿Conocés?
-No, le vi la cara
Nos sentamos en la mesa más al diome que encontramos, nos quejábamos porque la moza no traía maní, y todos teníamos una lija terrible y se nos antojaba un tentempié; pero maní, a nosotros dos nos causaba tanta gracia la bralapa que había que tentarse y ya la queja no a lugar.
Hablábamos de poses y la gente nos miraba, pero a nosotros nos encanta que nos miren entonces hablábamos todavía más fuerte.
-¿Está bueno el 69, vos que sabés?
-Yo con vos, yo con todos, yo arriba, si si, yo arriba.
-¡Que buena garchada que te pegaría!
-Vamos al baño.
-A ese no lo escuches porque N.T.I. y además es una mala imitación mía, pero a ella, a ella TODO LE CHUPA UN HUEVO.
-No no, 3/4 y un huevo.
-Dejaaa de decir pelotudeces
-Tenés razón, me disculpás?
-No, perdoname vos a mí.
Muy contentos estábamos, muy, Aunque proliferaban personajes absurdos y ¿por qué?
-No preguntes eso, vivimos en Córdoba.
Me acerqué a la barra y el Titi me preguntó qué se me ofrecía, y Jorge en la licuadora me guiñaba un ojo.
-Piel de Iguana por favor, trago de putos. Me lo pidió aquel, dice que es de la flia.
-Fernet no, fernet que lo prepare él porque sino no lo tomo, tiene esa habilidad; y otra más aunque sólo con la mano derecha; pero ojo, la rubia acá me dice dedos mágicos. ¿Querés que tome limón? Y se fue al baño.
Allá lo esperaba mili, le rogó que la hiciera suya, se le abalanzó encima y le quería bajar los pantalones pero él le decía que no, que ahí no, que afuera estaba la rubia y ella: que ortiva que sos.
Burlándonos de e-mi-narí, la embarazada y L.T.A. se nos fue la noche, y ya eran las 6 cuando porra con una escoba en mano nos pidió que fluyamos porque había que cerrar.
Carol te sale bastante bien, aunque a Paula le falta un poquito, follar, follar, follar.
Nos separamos en dos autos porque ¡Qué linda noche para...!, uno ganone, entonces nos saludamos:
-Chau, cuidame.
-Si, si, que me vaya bien en la facu.
-Si, si, que tenga suerte.
Había que terminar pegándole al rope, aunque se confundan las palancas.

miércoles, 6 de abril de 2011

Ce

Cántico al cielo neto,
busca un trago amargo al salir,
hay que soñar,
hay que sentir.

Caracolas que quieren ver la luz,
como las flores.
Como los espirales que suben
y bajan.
Como tu ropa o la mía bajo la almohada.

Cantimploras de furia,
lujuria.
Magia en el viento,
ojos que sienten.
La victoria estuvo cerca
alguna vez.

Camicaces,
trotamundos,
subversivos,
latifundios.

Ciempiés rengos,
regresivos,
saltos, cuencas, barro,
zanjas, huecos, carros.

Colosales armonías,
pies de acero, noches frías.
Rimas tristes,
suertes vivas.
Soplos leves,
sol encima.

Camicaces,
trotamundos,
subversivos,
latifundios.

Carretillas de paseo,
coloradas ventanillas,
arrestados en pandilla,
piedras arriba,
manos al suelo.

Codornices arreglados,
recipientes al vacío,
tumbas, panteones, denuncias,
juicio y castigo.

Camicaces,
trotamundos,
subversivos,
latifundios.

Sabrina

Por las paredes corría agua enturbiada por desgracia, formando una película impenetrable en el cemento. Flotaban los adornos, las migas de pan y una miseria...
Ella miraba las fotos, las postales, los cuadros que pintaron sin querer, los papelitos con frases absurdas y de vez en vez un te quiero.
Armaba la valija, la llenaba de la ropa empapada y la resignación.
Recordando, casi siempre recordando porque más no puede hacer.
Los pies helados, las zapatillas un trapo, pero las medias secas, eso sí.
Una guitarra sonando allá al fondo, o arriba, es difícil diferenciar.
Ella juntando los pedazos mojados de lo que ya no es.
Había que irse, había que abandonar ese departamento y esa vida, toda entera.
Había que empezar de nuevo.
Comprar un auto, conseguir un trabajo, hacer de cuenta que se enamoró otra vez y no nombrarlo nunca más.
Sobre todo no pensar en él, no extrañarlo hasta el cansancio y llorar.
Había que inventar otra cosa -algo más creíble, menos drástico-, hacerla nacer así de cero. Sin historia, sin pasado.
Y el agua seguía cayendo.
Pasar por ese campo viejo camino a la ruta y dejar un par de flores para despedirse.
Ojalá que alguien pase a limpiar y corra las telarañas.
Ojalá escriban algo hermoso en el metal frío y gris.
Ella ya no, ella se tiene que ir.
Pesa la valija, pesa el agua y pesan los años.
Flotando canciones van, y un par de besos.
Y en la cama donde solían hacer el amor, sólo hay un charco, y plumas; ahora que ve también hay plumas.
El reloj se lo lleva, porque los años pesan y hay que acordarse que el existió. Sino van a pensar que está loca, siempre huyendo.
Acordarse justo y necesario, tenerlo presente porque loca no está, pero casi. Acordarse poco.
La ropa empapada, los pies helados, un te quiero de vez en vez.
Hay que irse.
Hay que irse y no volver.

lunes, 4 de abril de 2011

Víctima

Esa tarde me sostuve a mí misma, la víctima, y recosté su cuerpo en mi cama, mientras mis manos se empapaban con sus lágrimas, derrochadoras de lástima. La dejé ahí, asqueada de la patética pero repetitiva imagen, la abandoné muriendo, simpática y manipulable; a mi más fiel y estúpida compañera, la víctima. Deseando que ya que siempre moría – de amor, de dolor, de culpa, de desilusión- muriera ya y de una vez por todas.
Salí a la calle buscando hacer lo que sea, cualquier cosa que lograra alejarme del futuro cadáver. Caminar, respirar, escribir, dibujar, quizás sonreír.
 Pasó un tiempo antes de que volviera a mi cuerpo, antes de sentir esa presencia que es mía, me pertenece, pero tiene la pésima costumbre de dejarme sola. Volví otra vez, a las mentiras, a los desplantes, a la agresividad muda, pero constante. Volví a dejarlos boquiabiertos con mis miserias, a todos y a cada uno de ellos. Volví a la muy perra, a la desalmada, esa a la que todos miran con un respeto que no es mucho más que miedo, más que terror. Volví a la que no siente lástima por nadie, por nada, para que nadie, pero nadie, se atreva a sentir lástima por ella.
Volví a la victimaria, de donde vengo y a donde voy, de donde nunca debí haber salido; cuando leí por fin el añorado aviso fúnebre de aquella que murió una tarde, en mi cama, ahogada con sus propias lágrimas, de una vez, y para siempre, murió la víctima.

Rezo

Las ropas vuelven a ocupar su lugar,
Y el día los sorprende ilusos.
Está la nada donde estaban los besos,
Ahora el miedo los deja presos.

Cuentan con la minuciosa conciencia,
Que con el tiempo dejaron de perder.
Ese pasado se pisa solo,
Sobre tierra sabor a abandono.

Ya es tarde para el lúdico juego de impulsos.
Ya sus oídos no pueden volverse sordos.
Hay una ingenua esperanza de recuperarlo todo,
Esa que ocupa el bombeante músculo de la felicidad.

La noche se hace trizas contra el suelo,
Para perder la cabeza de nuevo.

Comienza la tormenta de cuerpos
Que aguantan,
Esas desgastadas sábanas.

Sobre la almohada del verso,
Sueñas sus cabezas que tal vez mañana,
Sea el día perfecto.

Y que no exista más que ellos,
Y que los dulces fanáticos del deseo,
Y que sus manos ardiendo;
Y la gloriosa danza del amor.

Una guerra de arsenales,
Cuando la piel derrama
Sus antagónicas lágrimas de sudor.

Trucos que cuartan inmensos
-Acertijos- para no zarpar,
Al laberinto de encuentros,
Donde todo lo hacen mal.

Todos los gestos, las muecas,
La estructura de lo oculto.
La habitación ya vacía,
Y cada uno por su rumbo

Una realidad de libertades estrechas.
Los inviolables sentimientos,
Se vuelven insatisfechos al saber
Que una vez más, no son razón suficiente.

Y las ropas vuelven a ocupar su lugar,
Y de nuevo el día los sorprende ilusos,
Y cada uno otra vez en su hogar,
Le reza a algo para olvidar.

viernes, 1 de abril de 2011

Ambulatorio

Cerré la puerta con llave y me aboqué a la ardua tarea de bajar las escaleras, el edificio es triste de muchas maneras, con un dejo de film de suspenso y humedades por todas partes.
No genera una sensación -¿cómo decirlo?-... agradable, sobre todo a altas horas de la madrugada, cuando el trabajo tiene para rato y me toca cerrar todo.
El resto desaparece, como si se esfumaran uno a uno y sin saludar. Todos con una excusa excelente, todos menos yo.
Saludé al portero que de vez en cuando es simpático y por fin estaba en la calle, caminando hacia el kiosco de la esquina porque era poco el tiempo que tenía para almorzar.
Compré un sandwich y una coca y me senté en un banco de la plaza.
Noté sin sorpresa la presencia de un nuevo vendedor ambulante.
Sentado en el suelo, con esa cara de dejadez, una barba que iba del gris al blanco y le llegaba casi a la clavícula.
Lo extraño no era él en sí, ni su demasiado-amable expresión, sino su mercancía.
Había un paño rojo perfectamente acomodado en los adoquines, y en el lugar que suelen ocupar collares, aritos, pulseras, pañuelos, anillos, películas o cd's piratas; no había nada.
Nada, exactamente nada.
Lo observaba esperando que se decidiera a sacar los productos de algo que se asemejaba a un bolso. Pero el tipo estaba quieto, sonriendo a la gente como invitándola a mirar.
Pero esto no era lo más raro (uno entiende que este tipo de gente tiende a ser poco cuerda), lo peor era que ciertas personas se detenían a mirar con notable interés.
Sostenían objetos invisibles, los daban vuelta, los analizaban minuciosamente, hasta que por fin sacaban algo de dinero y se llevaban "eso" alegres.
Se llevaban "nadas" de distintas formas y pesos. Algunos las metían en el bolsillo o la cartera, otros las cargaban encorvados hasta un banco para observarlas con más detalle y seguían su trayecto haciendo un esfuerzo increíble.
Yo a esa altura... ya no entendía nada, de hecho estaban todos locos (de eso estaba muy seguro), pero sin embargo sentía demasiada curiosidad.
Todos ellos actuaban con tanta naturalidad...
Terminé el sandwich y me acerqué al hombre.
-Buen día, ¿cómo le va?
-¿Quién es usted?
-Doctor Achával, mucho gusto
-El gusto es suyo doctor, por favor le pido, si viene a molestarme vaya a perseguir a gente que esté afanando, yo acá no hago nada malo, yo acá estoy trabajando no más.
No entendía la reacción, no combinaba con su demasiado-amable expresión, hasta que caí: vendedor ambulante, yo vestido de traje y zapatos lustrosos, encima presentándome como doctor. Debo haber hecho un gesto mientras pensaba -qué imbésil- porque el tipo sonrió.
-No hombre, yo no lo quiero molestar, es sólo que no entiendo.
-¿Qué es lo que no entiende doctor?
-¿Qué vende usted?
-¿Cómo que qué vendo? ¿No ve usted doctor?
Pensé que lo más inteligente si quería conseguir una respuesta que calmara mi curiosidad cada vez mas insistente, era seguirle la corriente.
-Si, claro que veo. ¿Pero qué son?
-Son esperanzas hombre
Definitivamente no entendía
-¿Es-pe-ran-zas?
El ambulante ya empezaba a impacientarse...
- A ver doctor, ¿ustéd me está tomando el pelo?, le pido por favor que si no va a comprar nada se retire.
(Y si nada era justamente lo que él vendía.). Me entregué al juego completamente rendido, de repente empezando a asumir, con cierta timidez, que el loco era yo, que no podía ver las nadas que la gente compraba contenta -las esperanzas decía el viejo-.
-No... no, yo si quiero comprar.
-Pues elija hombre
(Esto me resultaba bastante complicado)
-¿Qué tiene para ofrecerme?
-Doctor, si usted no sabe menos voy a saber yo
(¿Cómo que él no sabía, si era el vendedor?)
-¿Cómo que usted no sabe?
-A ver doctor, ¿qué ve usted aquí?
(Me señalaba el paño rojo, ya tratándome como a un estúpido).
-Un paño rojo
-¡Pero ya sé hombre, eso lo vemos todos! Arriba del paño, ¿qué hay?, ¡vamos concentresé!
-No hay nada
-¿Nada?
-Nada de nada
(O mucha nada).
Del pronto el gesto de amabilidad viró y todos los rasgos del viejo ocuparon el lugar estratégico de la pre-ocupación...
-A ver, venga hombre, sientesé.
Me senté sin protestar al lado del viejo que tenía el pelo largo y las uñas negras, más negras que la misma piel. Ya no me importaba estar sentado en el piso con un traje de cuatromil pesos, ni que pasara mi jefe (porque el horario del almuerzo ya había terminado) y me viera conversando con un linyera loco que vende nadas -esperanzas digo-.
Lo único que quería era tener la mía.
-Mire doctor... ¿lo puedo tutear?
-Si
-Mirá pibe, yo te voy a dar algo muy especial, un último recurso un es-ou-es, lo tenés que cuidar mucho, pero te va a durar un sólo día, es todo lo que puedo hacer por vos.
Entonces la frase me resultó familiar, entonces me di cuenta de que me tenía lástima, me tenía una fuerte e inevitable lástima. Un linyera a mí.
Me hizo entrega de una cajita de cartón con tres huecos arriba.
-Cuidala mucho ¿eh?, un día nada más.
Me quedé mirándola y supe que era de mala educación abrirla ahí mismo. Entonces me levanté.
-¿Cuánto le debo?
(Y estaba dispuesto a pagar lo que fuera).
-Nada doctor, lleve no más
Una fuerte e inevitable lástima...
-Gracias -dije sin entender si tenía sentido, y me fui.
Cuando llegué a la esquina abrí la cajita y vi una mariposa, perfecta en demasiados sentidos, atontada por la falta de oxígeno o la oscuridad; y fui tan feliz, tan feliz, que no importó saber que al otro día mi vida volvería a ser irremediablemente estúpida y aburrida.