Caminaba por la vereda cuando cayó. Era una bola de piedra encendida en llamas, o un meteorito si es que asi le llaman, si es que eso era.
Cayó justo enfrente mío, cerrandome el paso.
Tal atrocidad se imponía para detenerme pero yo tenía que avanzar, tenía que seguir. Entonces intenté cruzar la calle, pero apareciste vos, en un auto negro y vestido de azul. Pusiste balizas y te plantaste ahí en el medio, como si el mundo se hubiera detenido, como si no notaras el meteorito en todo su explendor cortandome la vereda, a punto de prenderme fuego.
Volví hacia atrás y vos pusiste reversa. No entendí si eras de la C.I.A. o me querías secuestrar pero me estabas bloqueando el paso y yo tenía que llegar.
Pensé en bajar la cabeza y dar la vuelta a la manzana, pero esta vez ya no podía, ahora tenía que llegar, seguir, y rápido.
Entonces me cruzé en frente de tu auto, un poco con miedo pero desafiante. Y vos aprestaste el acelerador, lo apretaste con furia y sin compasión, pero el auto no se movió. Yo no se si se apagó o te olvidaste la primera. Pero me cruzé de vereda,
y seguí.
domingo, 27 de febrero de 2011
martes, 15 de febrero de 2011
Backstage
Siempre estarás en la mayoría de mis recuerdos. No como el protagonista, que se lleva los aplausos y los autógrafos a la salida.Esa más bien será otra.
Estarás, bien digo, como la crítica, que tiene siempre la última palabra y que nos marca en la frente las estrellitas que todos ven.
Estarás como el juez indiscutible, que todo lo decide casi inevitablemente, casi naturalmente aunque no quiera escuchar.
Serás un breve destello de lo que debí haber hecho y esquivé, simplemente por su esencia. Por ese correcto nivel protocolar de... buena conducta si se quiere.
Serás la voz que cada mañana me repita que puedo ser mejor, que alguien, alguien que no soy yo, merece que sea mejor.
Porque yo estaré bien, con mi mediocridad mal interpretada y mi orgullo inacabable.
Serás la espina que me obligue a estar bien parado, a ser de hierro o de papel, para moldearme, para aprender. Para ser como se debe, como son todos, como sos vos.
No es, acaso, que te esté quitando de mi vida.
Pero hay algo inevitable en esto de las despedidas. Y es que el telón pronto se cierra y así sucede, atroz e inevitablemente.
Y ya no somos la pareja feliz que fuimos en el escenario, y nos invade el cansancio, la rutina. Nos invade sobre todo la cruda realidad.
Y vos te vas por tu lado y yo me quedo esperando, a ver si puedo actuar.
A ver si puedo, ahora que ya no estás. Ahora que se cerró el telón y vos te vas por tu lado.
Vos te vas por tu lado y yo me quedo acá.
Me quedo acá esperando, a ver si puedo actuar.
Estarás, bien digo, como la crítica, que tiene siempre la última palabra y que nos marca en la frente las estrellitas que todos ven.
Estarás como el juez indiscutible, que todo lo decide casi inevitablemente, casi naturalmente aunque no quiera escuchar.
Serás un breve destello de lo que debí haber hecho y esquivé, simplemente por su esencia. Por ese correcto nivel protocolar de... buena conducta si se quiere.
Serás la voz que cada mañana me repita que puedo ser mejor, que alguien, alguien que no soy yo, merece que sea mejor.
Porque yo estaré bien, con mi mediocridad mal interpretada y mi orgullo inacabable.
Serás la espina que me obligue a estar bien parado, a ser de hierro o de papel, para moldearme, para aprender. Para ser como se debe, como son todos, como sos vos.
No es, acaso, que te esté quitando de mi vida.
Pero hay algo inevitable en esto de las despedidas. Y es que el telón pronto se cierra y así sucede, atroz e inevitablemente.
Y ya no somos la pareja feliz que fuimos en el escenario, y nos invade el cansancio, la rutina. Nos invade sobre todo la cruda realidad.
Y vos te vas por tu lado y yo me quedo esperando, a ver si puedo actuar.
A ver si puedo, ahora que ya no estás. Ahora que se cerró el telón y vos te vas por tu lado.
Vos te vas por tu lado y yo me quedo acá.
Me quedo acá esperando, a ver si puedo actuar.
Espera
Veo sus caras, los hay viejos y jóvenes, de pieles blancas y oscuras, en verdad muy oscuras, en verdad muy blancas. Madres, niños, señores de traje y otros que apenas tienen qué ponerse.
Todos cansados, atados a la fila que están absurdamente obligados a cumplir, casi rutinariamente. Buscando distracción en lo que sea, cualquier cosa que haga pasar el tiempo.
Hay gente buena pero nadie regala nada, algunos vinieron en busca de una recompensa, otros en busca de una limosna, otros a hacerse dueños de algo que no les pertenece, otros se quieren despojar de aquello que los consume y les nubla la vista.
No se conocen, ni en lo más mínimo, pero conversan de cualquier cosa y se ríen. Ríen a carcajadas esperando que al cesar su risa, haya existido un minuto mas.
Sólo esperan el fín, con caras amargadas y no tanto, mirando todo con una enajenación imposible de ignorar.
Todos están apurados, no saben bien por qué, pero apurados. No quieren esperar pero de a poco se van transformando en postes, columnas que apenas se mueven, unos detrás del otro, y así sucesivamente.
Nos contemplamos, juzgándonos unos a otros, imaginándonos historias, vidas, personalidades, pensando de qué forma somos superiores; pero nada nos distrae del objetivo común, de nuestra tarea en este lugar, de nuestra misión y la ansiedad por cumplirla.
Al llegar al final el cajero del banco atiende nuestras inquietudes, y todo vuelve a ser como antes.
Todos cansados, atados a la fila que están absurdamente obligados a cumplir, casi rutinariamente. Buscando distracción en lo que sea, cualquier cosa que haga pasar el tiempo.
Hay gente buena pero nadie regala nada, algunos vinieron en busca de una recompensa, otros en busca de una limosna, otros a hacerse dueños de algo que no les pertenece, otros se quieren despojar de aquello que los consume y les nubla la vista.
No se conocen, ni en lo más mínimo, pero conversan de cualquier cosa y se ríen. Ríen a carcajadas esperando que al cesar su risa, haya existido un minuto mas.
Sólo esperan el fín, con caras amargadas y no tanto, mirando todo con una enajenación imposible de ignorar.
Todos están apurados, no saben bien por qué, pero apurados. No quieren esperar pero de a poco se van transformando en postes, columnas que apenas se mueven, unos detrás del otro, y así sucesivamente.
Nos contemplamos, juzgándonos unos a otros, imaginándonos historias, vidas, personalidades, pensando de qué forma somos superiores; pero nada nos distrae del objetivo común, de nuestra tarea en este lugar, de nuestra misión y la ansiedad por cumplirla.
Al llegar al final el cajero del banco atiende nuestras inquietudes, y todo vuelve a ser como antes.
Ya no soy yo
¿Y qué de mi?.¿A dónde fui? A dónde estoy si no es aquí, llenando cada uno de tus deseos.
¿Quién era yo? Si no soy esa que inventaste.
¿A dónde fueron mis virtudes, y mis defectos? Si no a tus manos artesanas.
¿Dónde está la mujer que amaste?
¿Y las manías de las que te enamoraste?
Perdón amor, ya no soy yo.
Ya no soy yo quien está contigo.
Perdón amor.
Perdón... mi amor...
Vuelvo conmigo.
¿Quién era yo? Si no soy esa que inventaste.
¿A dónde fueron mis virtudes, y mis defectos? Si no a tus manos artesanas.
¿Dónde está la mujer que amaste?
¿Y las manías de las que te enamoraste?
Perdón amor, ya no soy yo.
Ya no soy yo quien está contigo.
Perdón amor.
Perdón... mi amor...
Vuelvo conmigo.
miércoles, 12 de enero de 2011
No ending battle
Como si acaso pudiera me enfrento una vez más a esta perra empeñada en verme sufrir. Es una bestia, pero sin pelos y sin garras, sin espuma saliendo de su boca en cataratas. Ella me toma por el pecho, lo presiona con fuerza con sus manos finas hasta impedirme respirar. Tiene una fuerza... extraña. Una fuerza que no le pertenece a esas manos, que ni siquiera le pertenece a ella y a esa cuerpecito tan delicado. Una fuerza más bien mía, y mientras más lucho...
Analizo la estúpida posibilidad de rendirme, y quizás lo hago por unos minutos -mientras lo analizo porque se complica seguir peleando mientras uno piensa seria y desesperadamente en rendirse-, pero es tan inútil.
Su fuerza disminuye con la mía a un punto tal que podría extinguirse, y aún así no puedo respirar. El simple hecho de intentarlo, el movimiento del pecho contraído en búsqueda de aire, le da fuerzas para seguir presionándolo. Me encierro en un sollozo sin fin, me consuelo, víctima y pobre de mi. Y dejo que la bestia actúe -tan delicada-, ahí, fuera de mi cuerpo; pero aún sigo sin poder respirar y una tristeza me carcome los huesos de tal forma que podría gritar, algo, alguna extraña expresión de sufrimiento, pero no lo hago. Solo sollozo, conservando un ritmo firme y calmado.
Es... una pésima melodía, me da nauseas, mareos y de ninguna manera hace cesar el dolor. Simplemente existe. Simplemente es.
La bestia me presiona con fuerza, pero al tenerme ahí rendida, ahí inmóvil, víctima y pobre de mi, sollozando; apenas le alcanza para eso. La bestia no tiene fuerza y yo sigo viva. Viva y en un sollozo sin fin y existiendo.
Pero me rindo a rendirme, levanto la cabeza y la empujo con lo poco que queda de eso que me dijeron que era mi dignidad. Y ahí cara a cara, la bestia recobra fuerza y me da golpes, golpes duros, golpes bajísimos. Pero esta vez me defiendo y mientras más fuerte golpeo, más fuerza le doy y es una batalla sin fin.
Y cada golpe, viene de vuelta y apenas empiezo a cansarme ella cede.
Quiero que termine conmigo de una vez por todas.
Que me destruya o que me deje en paz.
Vuelvo a rendirme y ella apenas me presiona el pecho. Y yo la miro a los ojos y le imploro que termine conmigo, pero no puede.
La puta vida no puede si yo me rindo.
Analizo la estúpida posibilidad de rendirme, y quizás lo hago por unos minutos -mientras lo analizo porque se complica seguir peleando mientras uno piensa seria y desesperadamente en rendirse-, pero es tan inútil.
Su fuerza disminuye con la mía a un punto tal que podría extinguirse, y aún así no puedo respirar. El simple hecho de intentarlo, el movimiento del pecho contraído en búsqueda de aire, le da fuerzas para seguir presionándolo. Me encierro en un sollozo sin fin, me consuelo, víctima y pobre de mi. Y dejo que la bestia actúe -tan delicada-, ahí, fuera de mi cuerpo; pero aún sigo sin poder respirar y una tristeza me carcome los huesos de tal forma que podría gritar, algo, alguna extraña expresión de sufrimiento, pero no lo hago. Solo sollozo, conservando un ritmo firme y calmado.
Es... una pésima melodía, me da nauseas, mareos y de ninguna manera hace cesar el dolor. Simplemente existe. Simplemente es.
La bestia me presiona con fuerza, pero al tenerme ahí rendida, ahí inmóvil, víctima y pobre de mi, sollozando; apenas le alcanza para eso. La bestia no tiene fuerza y yo sigo viva. Viva y en un sollozo sin fin y existiendo.
Pero me rindo a rendirme, levanto la cabeza y la empujo con lo poco que queda de eso que me dijeron que era mi dignidad. Y ahí cara a cara, la bestia recobra fuerza y me da golpes, golpes duros, golpes bajísimos. Pero esta vez me defiendo y mientras más fuerte golpeo, más fuerza le doy y es una batalla sin fin.
Y cada golpe, viene de vuelta y apenas empiezo a cansarme ella cede.
Quiero que termine conmigo de una vez por todas.
Que me destruya o que me deje en paz.
Vuelvo a rendirme y ella apenas me presiona el pecho. Y yo la miro a los ojos y le imploro que termine conmigo, pero no puede.
La puta vida no puede si yo me rindo.
jueves, 6 de enero de 2011
What if time...
Y entonces, ¿cómo vivirlo?, si ya no es, si se ha acabado.
¿Cómo ser tu sombra y tu calvario? Ahora, si ya pasó. Si ya hay fuuro que fue presente y ya es pasado.
Cómo ser tuya si no puedo completar este instante del tiempo que me agobia y me recluye. Ahora, que ya fue, tus manos em preguntaban por qué me voy, por qué me fui. Ya basta.
Necesito pensar, por que no entiendo. No amor no entiendo por qué no puedo frenar el tiempo y asi quedarme en tus brazos. Y atorpecer el tráfico, el trabajo y la cena.
Dejame sola, porque no entiendo.No entiendo amor, dejame sola.
Mejor te vas, mejor no estás.
Voy a adorarte,
unos segundos.
Y para más no tengo tiempo,
así que no me pidas.
Si el corazón se me acoraza,
no esperes que te entienda,
no esperes que me muera,
ni que te de llaves de casa.
Si estás buscando amor,
estás de más y es un error.
Yo puedo darte una canción, y hasta comparto mi colchón.
Pero cuando amanezca,
recojes tus cosas en silencio,
-podemos tomar café-
y después te vas.
Y no quiero que llames,
para saber como estoy,ni que dejes un teléfono,
para saber si pasas.
Sabes, mejor ni vengas,
porque a veces me olvido
-que te vas a ir-.Y me ilusiono.
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