En este sitio la gente acostumbra usar muy poca ropa. Las mujeres, sobre todo, con sus mini-shorts y sus puperitas, se pasean por las calles mamboleando sus curvísimas condiciones físicas, de culo firme y buenas gambas todas ellas.
Esta mañana pasó por la parada una morena de minifalda y plataformas. El viejo que a mi lado esperada el colectivo no pudo evitar que su cuello se retorciera mientras seguía con los ojos a esa criatura del demonio y su mandíbula se iba abriendo len ta y su til men te.
- ¿Qué pasa hombre, acaso nunca vio un par de piernas?- Le dijo la morena mirándolo a los ojos y dándose un chirlo en el culo. Y se marchó, sonriendo y moviendo aún más la bunda de un lado al otro, cuando la mandíbula de aquel caballero llegaba casi al piso.
Lo inexplicable es que de no haber terminado así la escena, lo hubiera hecho en una cachetada firme y precisa en el rostro del cara, seguida de estruendosos gritos que, quizás, lo hubieran excitado de igual manera.
Son los únicos dos tipos de respuestas posibles aquí: el deseo o la violencia, y lo maravilloso es que uno conduce al otro, y vicerveza.
lunes, 27 de mayo de 2013
viernes, 3 de mayo de 2013
Pueblo Chico
Dicen:
"Pueblo chico, infierno grande".
Pero si el pueblo chico,
es infierno grande.
Imagine usté,
imagine nomás,
lo que será la ciudá.
"Pueblo chico, infierno grande".
Pero si el pueblo chico,
es infierno grande.
Imagine usté,
imagine nomás,
lo que será la ciudá.
domingo, 28 de abril de 2013
Los árboles de La Mangaba
Los árboles de La Mangaba crujen de noche, cobran vida. Con pasos cortos, prudentes, subimos la escalera, tanteando para no caer, despacio y respirando agitados porque ya hemos subido los 234 escalones que conectan con la segunda praia y a esos no nos acostumbraremos nunca.
Llegamos en silencio, hay dos hamacas colgadas demasiado alto y una luz brilla en el horizonte.
-Eso es el mar- dijo Martín.
Prendimos algunas luces, dejamos nuestras cosas en el suelo de la sala, amoblada por una única mesita sobre la cual posa una lámpara. Usé el baño, tomamos agua fresca y volvimos a salir al balcón.
En una olla con poca agua se había acomodado una rana verde con manchas amarellas; ágil, saltó a la pared apenas la movimos y se perdió en la mata. Me acomodé con dificultad en una de las hamacas y me dispuse a escuchar. Fumamos, nuevamente en silencio y mirándonos las veces a los ojos. Martín sentado en el suelo tenía algo de niño, con sus larguísimas piernas flexionadas y la espalda contra la pared.
-Me gustaría darte un beso
-Preferiría que no
-En ese caso, hasta mañana, me voy a dormir. Te podés quedar en el otro cuarto si querés, hay un colchón, sino cerrá y dejá la llave en la ventana.
Se levantó, me tocó la nariz y se fué. Me quedé mirando al mar, aunque se mezclara con el cielo porque la luna era nueva y brillaba por su ausencia. Allá abajo se oía el cantar de las ranitas y en los árboles de la mata una sola paz, una sola calma.
Escuché un golpe y vi una botella de agua vacía en el suelo. Había vuelto la rana (o quizás fuera otra) y de un topetazo sacó de su camino el invisible pero impenetrable obstáculo.
"Somos nosotros, claramente, los invasores en esta isla, y la mata no se rinde: firme resiste y da pelea. Da gusto ver las lagartijas en el deck de la segunda, asomando ahí, entre los pies de los turistas lentos y descuidados."
La ranita volvió a ocupar su espacio en la olla y permaneció ahí, inmóvil.
Llegamos en silencio, hay dos hamacas colgadas demasiado alto y una luz brilla en el horizonte.
-Eso es el mar- dijo Martín.
Prendimos algunas luces, dejamos nuestras cosas en el suelo de la sala, amoblada por una única mesita sobre la cual posa una lámpara. Usé el baño, tomamos agua fresca y volvimos a salir al balcón.
En una olla con poca agua se había acomodado una rana verde con manchas amarellas; ágil, saltó a la pared apenas la movimos y se perdió en la mata. Me acomodé con dificultad en una de las hamacas y me dispuse a escuchar. Fumamos, nuevamente en silencio y mirándonos las veces a los ojos. Martín sentado en el suelo tenía algo de niño, con sus larguísimas piernas flexionadas y la espalda contra la pared.
-Me gustaría darte un beso
-Preferiría que no
-En ese caso, hasta mañana, me voy a dormir. Te podés quedar en el otro cuarto si querés, hay un colchón, sino cerrá y dejá la llave en la ventana.
Se levantó, me tocó la nariz y se fué. Me quedé mirando al mar, aunque se mezclara con el cielo porque la luna era nueva y brillaba por su ausencia. Allá abajo se oía el cantar de las ranitas y en los árboles de la mata una sola paz, una sola calma.
Escuché un golpe y vi una botella de agua vacía en el suelo. Había vuelto la rana (o quizás fuera otra) y de un topetazo sacó de su camino el invisible pero impenetrable obstáculo.
"Somos nosotros, claramente, los invasores en esta isla, y la mata no se rinde: firme resiste y da pelea. Da gusto ver las lagartijas en el deck de la segunda, asomando ahí, entre los pies de los turistas lentos y descuidados."
La ranita volvió a ocupar su espacio en la olla y permaneció ahí, inmóvil.
lunes, 22 de octubre de 2012
No lo creo
¿Cómo puedo creer en algo? Apenas puedo creer que esto realmente está pasando, que vos me estás preguntando si te creo o no. Apenas puedo creer que estoy aquí y ahora, sentada al frente tuyo, charlando contigo, y no en Venecia o en Lima, persiguiendo mariposas o dentro de un cubículo verde lleno de pájaros de colores, o sobrevolando el Atlántico sobre una gruya de papel rosa.
¿Cómo puedo creer, creerte, creer en algo?
Bien, ahora que lo pienso... pero en esto no, en esto no creo, es simplemente evidente, más que obvio, no puedo creer que no lo veas, no puedo creer que me estés preguntando si te creo.
¿Cómo puedo creer, creerte, creer en algo?
Bien, ahora que lo pienso... pero en esto no, en esto no creo, es simplemente evidente, más que obvio, no puedo creer que no lo veas, no puedo creer que me estés preguntando si te creo.
jueves, 28 de junio de 2012
Se cayó
Justo estaba tratando de entender qué había sucedido cuando entraste al living. Fue evidente que te importó un carajo y que ni te percataste de mi cara de espanto porque esquivaste el jarrón roto en el piso sin siquiera mirarlo y te metiste al baño.
Pensé justificarte con tu concentración en el estudio que te mantenía de la mesa de la cocina al living y del baño a la mesa de la cocina, atravesando una y otra vez la puerta alta de madera, fumando y tomando largos tragos de agua.
Buscaba en vos una respuesta porque sabía que vos sabías algo que yo no, que vos vivías hacía años en la casa de la abuela y tenías que saber por qué pasaban esas cosas.
Vos, vos si tenías que entender .
Estaba pálido, arrodillado en la alfombra junto al jarrón hecho pedazos -el jarrón que era una reliquia de esas que coleccionaba la abuela- cuando volviste a pasar una pierna sobre él, directo hacia la cocina.
Entonces frenaste justo cuando sujetabas el picaporte, te diste vuelta y me miraste con ojos casi burlones.
-¿Qué pasó?
-Se cayó solo
-¿Se cayó solo?
-Sí
Y te cagaste de risa mientras abrías la puerta y te instalabas de nuevo en la mesita y yo te oía murmurar:
-Duendes de mierda.
Pensé justificarte con tu concentración en el estudio que te mantenía de la mesa de la cocina al living y del baño a la mesa de la cocina, atravesando una y otra vez la puerta alta de madera, fumando y tomando largos tragos de agua.
Buscaba en vos una respuesta porque sabía que vos sabías algo que yo no, que vos vivías hacía años en la casa de la abuela y tenías que saber por qué pasaban esas cosas.
Vos, vos si tenías que entender .
Estaba pálido, arrodillado en la alfombra junto al jarrón hecho pedazos -el jarrón que era una reliquia de esas que coleccionaba la abuela- cuando volviste a pasar una pierna sobre él, directo hacia la cocina.
Entonces frenaste justo cuando sujetabas el picaporte, te diste vuelta y me miraste con ojos casi burlones.
-¿Qué pasó?
-Se cayó solo
-¿Se cayó solo?
-Sí
Y te cagaste de risa mientras abrías la puerta y te instalabas de nuevo en la mesita y yo te oía murmurar:
-Duendes de mierda.
sábado, 2 de junio de 2012
Cascada
Y al conjunto de las osadías se le llama...patrimonio.
Y como usted sabe, la lechuza da vuelta la nuca, y cambiemos de tema.
Abajo (bajo,bajo,) hay luz todavía, y sin embargo administrándola.
Uno la administra, caray!, qué chiquillo más travieso. Uno regulándola, (.Ya no hace tanto frío,) como ya te darás cuenta; (si me abrazas) y si me escuchas con atención (,mirandome el fondo de los ojos), lo podrás ver.
lunes, 7 de mayo de 2012
Mirá
Mirame si querés. Mirame si me ves.
Si lo que querés es verme, mirame.
Mirá mis ojos, mirá mi boca, mirá si me muerdo la lengua o me vuelvo loca... Mirá que ahí tenés todo, mirame, miralo. Abrí bien los ojos para el espectáculo, que merece ser visto tantas veces, como la primera vez..
Miralos a ellos, mirales las razones, los por qué y los pretextos, mirá si no son todos lo mismo.
¡Que alguien miré! ¡Y vos mirá! Mirales las intenciones, mirales las verdades.
Mirate, escarba en tu piel, pellizcate las entrañas. Desautorizate, recriminate, escupite en la cara hasta aceptarlo. Recorrete, rendite, reconocete. ¿No somos todos lo mismo? Quitá la venda que elegiste, ¿cuál fue la tuya?
Gritalo, a mil voces hacelo sonar. Mil bocas apuntándote y una cadena, de mentira, de consuelo, de excusa.
Miralos,
pero de una vez,
miralos.
Mirate
pero de una vez,
mirá.
Pero de una vez.
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