Dos semanas atrás había leído la noticia en el diario, un chico de unos 23 años iba caminando por nueva Córdoba y de repente se le cayó un balcón en la cabeza. Como un piano marca acme, sólo que él no era el correcaminos y la enorme masa de cemento lo aplastó. Internado en estado grave.
Me había invadido una sensación extraña, aquella que alguna vez quiso asomar al ver en las noticias los muertos en un accidente entre dos colectivos, en el tsunami de japón o la guerrilla de Egipto, pero no había pasado del intento.
Una sensación distinta, al darme cuenta de que podía salir a la calle y que algo cayera del cielo y terminara con mi vida para siempre. Salir a la calle uno de estos días y no volver nunca.
Que lástima sentía por ese pobre pibe, pobre.
Salí temprano de casa porque quería pasar por una fotocopiadora camino al trabajo, me bajé del colectivo en el Disco que está pasando Cañada y Colón, saqué las copias y enfilé para la oficina. Pasé 9 de Julio, Dean Funes y llegando a 27 de Abril...
En la sala de terapia intensiva sólo se escuchaba un chillido continuo, pero en el pasillo el pibe de 23, ya recuperado, se había enterado y le daba el pésame a mi mujer, salir a la calle y no volver.
miércoles, 27 de abril de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
Señor Maestro
"El problema de un hombre que descubre de golpe que una fatalidad biológica lo ha hecho nacer y lo ha metido en un mundo que él no acepta."
"En Los premios hay ese fenómeno, esa toma de conciencia de las limitaciones lingüísticas de un escritor; el hecho de que el lenguaje es una herencia recibida, una herencia pasiva en que él no ha tenido ninguna intervención. El lenguaje, la gramática, el diccionario, él los recibe como recibe la educación que le dan su madre y su maestro."
"Cambiar la realidad es en el caso de mis libros un deseo, una esperanza; pero me parece importante señalar que mis libros no están escritos, ni fueron vividos ni pensados con la pretensión de cambiar la realidad. Hay gente que ha escrito libros como contribución para una modificación de la realidad. Yo sé que la modificación de la realidad es una empresa infinitamente lenta y difícil. Mis libros no son funcionales en ese sentido. Un filósofo escribe un sistema filosófico convencido de que es la verdad y se supone que eso modificará la realidad, puesto que él supone que tiene razón. Un sociólogo establece una teoría y es lo mismo. Un político también pretende cambiar el mundo. En el caso mío el plano es muchísimo más modesto. Digamos que es Oliveira que habla; volvemos a uno de los temas constantes de Rayuela. Yo tengo la convicción profunda, y cada día que pasa la siento más profundamente, de que estamos embarcados en una vía, en un camino equivocado. Es decir que la humanidad se equivocó de camino. Estoy hablando sobre todo de la humanidad occidental porque de la oriental no sé gran cosa. Embarcados en un camino históricamente falso que nos está llevando directamente a la catástrofe definitiva, a la aniquilación por cualquier motivo: bélico, polución del aire, contaminación, cansancio, suicidio universal, lo que tú quieras. Entonces, en Rayuela sobre todo, hay ese sentimiento continuo de estar en un mundo que no es lo que debería ser porque—y aquí hago un paréntesis que me parece importante—, ha habido críticos que han pensado que Rayuela era un libro profundamente pesimista en el sentido de que no se hace en él más que lamentar el estado de cosas. Yo creo que es un libro profundamente optimista porque Oliveira, a pesar de su carácter broncos, como decimos los argentinos, sus cóleras, su mediocridad mental, su incapacidad de ir más allá de ciertos límites, es un hombre que se golpea contra la pared, la pared del amor, la pared de la vida cotidiana, la pared de los sistemas filosóficos, la pared de la política. Se golpea la cabeza contra todo eso porque es un optimista en el fondo, porque él cree que un día, ya no para él pero para otros, algún día esa pared va a caer y del otro lado está el «kibutz del deseo», está el reino milenario, está el hombre verdadero, ese proyecto humano que él imagina y que no se ha realizado hasta este momento. Rayuela es un libro escrito antes de mi toma de conciencia política e ideológica, antes de mi primer viaje a Cuba. Yo me di cuenta muchos años después que Oliveira es un poco como Lenin; y no tomes esto de manera pretenciosa. Es una comparación analógica, en el sentido de que los dos son optimistas, cada uno a su manera. Lenin no habría luchado todo lo que luchó si no hubiera creído en el hombre. Hay que creer en el hombre. Él es profundamente optimista, lo mismo que Trotsky. Así como Stalin es un pesimista, Lenin y Trotsky son optimistas. Y Oliveira a su manera mediocre y pequeña también lo es. Porque de lo contrario no hay más que pegarse un tiro o sencillamente seguir viviendo y aceptar todo lo bueno que hay en esta vida. El occidente tiene muchas cosas buenas.
Entonces la idea general de Rayuela es la comprobación de un fracaso y la esperanza de un triunfo. El libro no propone ninguna solución; se limita simplemente a mostrar los posibles caminos para echar abajo la pared y ver lo que hay del otro lado."
Cortázar por Cortázar
México, Universidad Veracruzana, Cuadernos de Texto Crítico. 1978.
Por Evelyn Picon Garfield
Por Evelyn Picon Garfield
Hoy te crucé
Hoy te crucé, eras, para resumir, 19 kilos menos. 19 kilos menos de dignidad, de eficiencia, del equilibrio perfecto, de mano dura y fuente de temor. Ya no asustas a nadie, aunque seguro, muy seguro, que ya nadie va a tomarte el pelo.
Hoy te crucé y ahora sos vos el que tiembla de miedo, peleando a capa y espada contra un dragón que escupe fuego, que casi nunca te levanta el ego, pero no te permite caer.
Hoy te crucé y caminabas despacio, contando uno a uno los pasos que faltan para llegar, tachándolos en tu libretita de bolsillo.
Hoy te crucé dopado y tartamudeando, aunque quizás ese maltrato intermitente, sea lo único vivo en vos.
Hoy te crucé con la cabeza atrofiada, una bala en pecho y unas cuantas más abajo, y un rencor insoportable en la mirada.
Hoy te crucé y espero volver a hacerlo mañana.
Aunque si te vas, ojala sea porque querés. Ojala no te lleve ella a ningún lado. Ojala la dejes esperando ansiosa, avanzando lento pero firme, arrasando con todo a su paso. Ojala no esté presente en cada fotografía y en cada momento. Ojala te vayas sin dejar ningún recuerdo.
Ojala que lejos te des cuenta que quise quererte, un par de veces, aunque implorabas no hacerlo.
Hoy te crucé y ahora sos vos el que tiembla de miedo, peleando a capa y espada contra un dragón que escupe fuego, que casi nunca te levanta el ego, pero no te permite caer.
Hoy te crucé y caminabas despacio, contando uno a uno los pasos que faltan para llegar, tachándolos en tu libretita de bolsillo.
Hoy te crucé dopado y tartamudeando, aunque quizás ese maltrato intermitente, sea lo único vivo en vos.
Hoy te crucé con la cabeza atrofiada, una bala en pecho y unas cuantas más abajo, y un rencor insoportable en la mirada.
Hoy te crucé y espero volver a hacerlo mañana.
Aunque si te vas, ojala sea porque querés. Ojala no te lleve ella a ningún lado. Ojala la dejes esperando ansiosa, avanzando lento pero firme, arrasando con todo a su paso. Ojala no esté presente en cada fotografía y en cada momento. Ojala te vayas sin dejar ningún recuerdo.
Ojala que lejos te des cuenta que quise quererte, un par de veces, aunque implorabas no hacerlo.
domingo, 17 de abril de 2011
Pathetisch
A partir de ahora pienso iniciar una lucha. Ojala ésta fuera contra algo más que una percepción, quizás así no me molestaría tanto, así tal vez si disminuyera mi tamaño todo seguiría siendo igual de rápido.
Conociendo los recuerdos todo me parece tan extraño, tan ajeno. Qué limitada mi visión de la vida de aquellos que me rodean, qué poco me pertenecen, cuán insignificante puedo ser...

El tiempo es la multinacional más poderosa, y ni los troskos más troskos se animarían a enfrentarla.
Me gusta la idea, un monopolio al estilo Clarín. Aquel que todo lo puede y todo lo maneja, con sus segundos repicándome en el alma como un tambor, único proveedor de momentos.
Se me resbala en las manos, se me patina, se me vuelca encima enchastrándolo todo a su paso, impregnando cada espera, cada silencio, cada final; creando esa pastosa masa en la que resulta casi imposible moverse.
Ay, si pudiera librarme de sus brazos, hipnóticos manipuladores, estimulantes y represores. Quedarme quieta.
Simplemente quedarme quieta y poder ver.
Ay, si me dejara en paz, insoportable midiéndolo todo. Maniático del orden y la paulatinidad.
Y los veo destruyéndose unos a otros, intentando llenar cada espacio de vacío con éter, negados a aceptar la existencia de la nada. Patéticos.
Dando todo por hecho, resignándose a las horas, a los minutos, a la muerte que algún día llegará. Patéticos.
Quiero salir a la calle y regresar ayer, mirarlo a los ojos y decirle que no me importa si quiere continuar, que yo me quedo acá. Y que me abandone en algún sitio, y poder ver. Si, ver, porque me cansé de que me ponga pautas todo el tiempo, el tiempo.
Salir a la calle y regresar ayer, y burlarme de todos estos, escuchándome hablar de Einstein y creyendo que voy a enloquecer. Patéticos.
lunes, 11 de abril de 2011
Torelatit de una noche de verano
A dos personajes que últimamente me dedico a conocer
Pibe se negaba a jugar a la pelota, le dijimos que pateara allá, al fondo a la derecha donde siempre está el ñoba, pero no quería, le gustaban las muñecas, a jujeño le gritaron "la concha de la pacha mama" y yo no pude evitar largar un "la concha de la iuta"... El negro me miraba fijo y el negro feo se estaba calentando...
Entonces nos fuimos para la cañada y en frente de setalos de pol hicimos los chascarros correspondientes:
-Te tiene que gustar mucho la poronga para...
Y los que pasaban se reían, una banda de contagiosas las risas ajenas.
En la rosadita uno de nosotros, ya no sé quién fue, le gritaba al cartel, Mestre vos también, vos también la tenés adentro, y se persignaba.
Pasaban autos y sonaba Charly, Charly Jimenez papá, y manitos en diagonal al cielo y unos cuantos silbidos.
Yo empecé a divagar -si, creo que fui yo-, pero ellos contaban hasta tres y con la mandíbula hacia abajo estiraban ese espacio que está entre el labio superior y la nariz.
Ella no paraba de hablar de armonía pero él decía algo de un termo y estaba tristazo, y la conversación carecía de seriedad, como siempre o casi siempre, siempre lo mismo con vos.
-Si Aznar se arrodilla yo también, una banda de rodillas.
-Este lugar es lo que garpa
-¿Conocés?
-No, le vi la cara
Nos sentamos en la mesa más al diome que encontramos, nos quejábamos porque la moza no traía maní, y todos teníamos una lija terrible y se nos antojaba un tentempié; pero maní, a nosotros dos nos causaba tanta gracia la bralapa que había que tentarse y ya la queja no a lugar.
Hablábamos de poses y la gente nos miraba, pero a nosotros nos encanta que nos miren entonces hablábamos todavía más fuerte.
-¿Está bueno el 69, vos que sabés?
-Yo con vos, yo con todos, yo arriba, si si, yo arriba.
-¡Que buena garchada que te pegaría!
-Vamos al baño.
-A ese no lo escuches porque N.T.I. y además es una mala imitación mía, pero a ella, a ella TODO LE CHUPA UN HUEVO.
-No no, 3/4 y un huevo.
-Dejaaa de decir pelotudeces
-Tenés razón, me disculpás?
-No, perdoname vos a mí.
Muy contentos estábamos, muy, Aunque proliferaban personajes absurdos y ¿por qué?
-No preguntes eso, vivimos en Córdoba.
Me acerqué a la barra y el Titi me preguntó qué se me ofrecía, y Jorge en la licuadora me guiñaba un ojo.
-Piel de Iguana por favor, trago de putos. Me lo pidió aquel, dice que es de la flia.
-Fernet no, fernet que lo prepare él porque sino no lo tomo, tiene esa habilidad; y otra más aunque sólo con la mano derecha; pero ojo, la rubia acá me dice dedos mágicos. ¿Querés que tome limón? Y se fue al baño.
Allá lo esperaba mili, le rogó que la hiciera suya, se le abalanzó encima y le quería bajar los pantalones pero él le decía que no, que ahí no, que afuera estaba la rubia y ella: que ortiva que sos.
Burlándonos de e-mi-narí, la embarazada y L.T.A. se nos fue la noche, y ya eran las 6 cuando porra con una escoba en mano nos pidió que fluyamos porque había que cerrar.
Carol te sale bastante bien, aunque a Paula le falta un poquito, follar, follar, follar.
Nos separamos en dos autos porque ¡Qué linda noche para...!, uno ganone, entonces nos saludamos:
-Chau, cuidame.
-Si, si, que me vaya bien en la facu.
-Si, si, que tenga suerte.
Había que terminar pegándole al rope, aunque se confundan las palancas.
Pibe se negaba a jugar a la pelota, le dijimos que pateara allá, al fondo a la derecha donde siempre está el ñoba, pero no quería, le gustaban las muñecas, a jujeño le gritaron "la concha de la pacha mama" y yo no pude evitar largar un "la concha de la iuta"... El negro me miraba fijo y el negro feo se estaba calentando...
Entonces nos fuimos para la cañada y en frente de setalos de pol hicimos los chascarros correspondientes:
-Te tiene que gustar mucho la poronga para...
Y los que pasaban se reían, una banda de contagiosas las risas ajenas.
En la rosadita uno de nosotros, ya no sé quién fue, le gritaba al cartel, Mestre vos también, vos también la tenés adentro, y se persignaba.
Pasaban autos y sonaba Charly, Charly Jimenez papá, y manitos en diagonal al cielo y unos cuantos silbidos.
Yo empecé a divagar -si, creo que fui yo-, pero ellos contaban hasta tres y con la mandíbula hacia abajo estiraban ese espacio que está entre el labio superior y la nariz.
Ella no paraba de hablar de armonía pero él decía algo de un termo y estaba tristazo, y la conversación carecía de seriedad, como siempre o casi siempre, siempre lo mismo con vos.
-Si Aznar se arrodilla yo también, una banda de rodillas.
-Este lugar es lo que garpa
-¿Conocés?
-No, le vi la cara
Nos sentamos en la mesa más al diome que encontramos, nos quejábamos porque la moza no traía maní, y todos teníamos una lija terrible y se nos antojaba un tentempié; pero maní, a nosotros dos nos causaba tanta gracia la bralapa que había que tentarse y ya la queja no a lugar.
Hablábamos de poses y la gente nos miraba, pero a nosotros nos encanta que nos miren entonces hablábamos todavía más fuerte.
-¿Está bueno el 69, vos que sabés?
-Yo con vos, yo con todos, yo arriba, si si, yo arriba.
-¡Que buena garchada que te pegaría!
-Vamos al baño.
-A ese no lo escuches porque N.T.I. y además es una mala imitación mía, pero a ella, a ella TODO LE CHUPA UN HUEVO.
-No no, 3/4 y un huevo.
-Dejaaa de decir pelotudeces
-Tenés razón, me disculpás?
-No, perdoname vos a mí.
Muy contentos estábamos, muy, Aunque proliferaban personajes absurdos y ¿por qué?
-No preguntes eso, vivimos en Córdoba.
Me acerqué a la barra y el Titi me preguntó qué se me ofrecía, y Jorge en la licuadora me guiñaba un ojo.
-Piel de Iguana por favor, trago de putos. Me lo pidió aquel, dice que es de la flia.
-Fernet no, fernet que lo prepare él porque sino no lo tomo, tiene esa habilidad; y otra más aunque sólo con la mano derecha; pero ojo, la rubia acá me dice dedos mágicos. ¿Querés que tome limón? Y se fue al baño.
Allá lo esperaba mili, le rogó que la hiciera suya, se le abalanzó encima y le quería bajar los pantalones pero él le decía que no, que ahí no, que afuera estaba la rubia y ella: que ortiva que sos.
Burlándonos de e-mi-narí, la embarazada y L.T.A. se nos fue la noche, y ya eran las 6 cuando porra con una escoba en mano nos pidió que fluyamos porque había que cerrar.
Carol te sale bastante bien, aunque a Paula le falta un poquito, follar, follar, follar.
Nos separamos en dos autos porque ¡Qué linda noche para...!, uno ganone, entonces nos saludamos:
-Chau, cuidame.
-Si, si, que me vaya bien en la facu.
-Si, si, que tenga suerte.
Había que terminar pegándole al rope, aunque se confundan las palancas.
miércoles, 6 de abril de 2011
Ce
Cántico al cielo neto,
busca un trago amargo al salir,
hay que soñar,
hay que sentir.
Caracolas que quieren ver la luz,
como las flores.
Como los espirales que suben
y bajan.
Como tu ropa o la mía bajo la almohada.
Cantimploras de furia,
lujuria.
Magia en el viento,
ojos que sienten.
La victoria estuvo cerca
alguna vez.
Camicaces,
trotamundos,
subversivos,
latifundios.
Ciempiés rengos,
regresivos,
saltos, cuencas, barro,
zanjas, huecos, carros.
Colosales armonías,
pies de acero, noches frías.
Rimas tristes,
suertes vivas.
Soplos leves,
sol encima.
Camicaces,
trotamundos,
subversivos,
latifundios.
Carretillas de paseo,
coloradas ventanillas,
arrestados en pandilla,
piedras arriba,
manos al suelo.
Codornices arreglados,
recipientes al vacío,
tumbas, panteones, denuncias,
juicio y castigo.
Camicaces,
trotamundos,
subversivos,
latifundios.
busca un trago amargo al salir,
hay que soñar,
hay que sentir.
Caracolas que quieren ver la luz,
como las flores.
Como los espirales que suben
y bajan.
Como tu ropa o la mía bajo la almohada.
Cantimploras de furia,
lujuria.
Magia en el viento,
ojos que sienten.
La victoria estuvo cerca
alguna vez.
Camicaces,
trotamundos,
subversivos,
latifundios.
Ciempiés rengos,
regresivos,
saltos, cuencas, barro,
zanjas, huecos, carros.
Colosales armonías,
pies de acero, noches frías.
Rimas tristes,
suertes vivas.
Soplos leves,
sol encima.
Camicaces,
trotamundos,
subversivos,
latifundios.
Carretillas de paseo,
coloradas ventanillas,
arrestados en pandilla,
piedras arriba,
manos al suelo.
Codornices arreglados,
recipientes al vacío,
tumbas, panteones, denuncias,
juicio y castigo.
Camicaces,
trotamundos,
subversivos,
latifundios.
Sabrina
Por las paredes corría agua enturbiada por desgracia, formando una película impenetrable en el cemento. Flotaban los adornos, las migas de pan y una miseria...
Y el agua seguía cayendo.
Pasar por ese campo viejo camino a la ruta y dejar un par de flores para despedirse.
Ojalá que alguien pase a limpiar y corra las telarañas.
Ojalá escriban algo hermoso en el metal frío y gris.
Ella ya no, ella se tiene que ir.
Pesa la valija, pesa el agua y pesan los años.
Flotando canciones van, y un par de besos.
Y en la cama donde solían hacer el amor, sólo hay un charco, y plumas; ahora que ve también hay plumas.
El reloj se lo lleva, porque los años pesan y hay que acordarse que el existió. Sino van a pensar que está loca, siempre huyendo.
Acordarse justo y necesario, tenerlo presente porque loca no está, pero casi. Acordarse poco.
La ropa empapada, los pies helados, un te quiero de vez en vez.
Hay que irse.
Hay que irse y no volver.
Ella miraba las fotos, las postales, los cuadros que pintaron sin querer, los papelitos con frases absurdas y de vez en vez un te quiero.
Recordando, casi siempre recordando porque más no puede hacer.
Los pies helados, las zapatillas un trapo, pero las medias secas, eso sí.
Una guitarra sonando allá al fondo, o arriba, es difícil diferenciar.
Ella juntando los pedazos mojados de lo que ya no es.
Había que irse, había que abandonar ese departamento y esa vida, toda entera.
Había que empezar de nuevo.
Comprar un auto, conseguir un trabajo, hacer de cuenta que se enamoró otra vez y no nombrarlo nunca más.
Sobre todo no pensar en él, no extrañarlo hasta el cansancio y llorar.
Había que inventar otra cosa -algo más creíble, menos drástico-, hacerla nacer así de cero. Sin historia, sin pasado.Y el agua seguía cayendo.
Pasar por ese campo viejo camino a la ruta y dejar un par de flores para despedirse.
Ojalá que alguien pase a limpiar y corra las telarañas.
Ojalá escriban algo hermoso en el metal frío y gris.
Ella ya no, ella se tiene que ir.
Pesa la valija, pesa el agua y pesan los años.
Flotando canciones van, y un par de besos.
Y en la cama donde solían hacer el amor, sólo hay un charco, y plumas; ahora que ve también hay plumas.
El reloj se lo lleva, porque los años pesan y hay que acordarse que el existió. Sino van a pensar que está loca, siempre huyendo.
Acordarse justo y necesario, tenerlo presente porque loca no está, pero casi. Acordarse poco.
La ropa empapada, los pies helados, un te quiero de vez en vez.
Hay que irse.
Hay que irse y no volver.
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