domingo, 13 de marzo de 2011

Cuentas

Hay cuentas,
Hay cuentas saldadas.
Y rencor, siempre va a haber rencor.
Hay, dicen, una sola solución,
amor, le llama aquí el señor.
No es la gran cosa, claro que no.
La gente muere, los corazones se marchitan.
Las almas, vagan en pena por la noche, esperando que quizás un coche, las lleve a algún hotel.
No hay ruidos, no hay colores.
Es todo noche, nada más y nada menos.
Pura noche que se escabulle en mis entrañas para hacerme recordar.
Pura noche que me golpea el pecho,
y me asfixia,
y resucita.

Hay cuentas,
hay cuentas saldadas.
Y dolor, siempre va a haber dolor.
Un dolor de labios fríos,
del olvido que duele
y el recuerdo que duele más, aún.
Dolor de risas gruesas,
de marionetas enfrascadas.
Dolor de Valium, de aspirina.
Dolor sin precedentes, sin amigos,
pero dolor con fanáticos,
que lo siguen y persiguen,
y no lo van a soltar.


miércoles, 9 de marzo de 2011

Media Verónica

Esperando en el estacionamiento... ¿Cómo se puede tardar tánto en Alma Fuerte? Tan pequeño que le parece, todo a la vuelta de la esquina, al fondo a la derecha, a media cuadra de la plaza, o del boulevard que separa las manos contrarias.
Viene Verónica a buscarla, media Verónica como dice la canción. Porque si viniera Verónica entera sería un problemón. (Problemón), le causa gracia la palabra. Son tan parecidas que a veces asusta, porque uno se acostumbra a los hermanos y la crianza influye... pero no si la crianza fue distinta, no si se veían una vez al año cuando mucho; antes de todo esto, claro. Ahora se ven todos los meses y se cuentan las novedades, y pelean juntas contra ella y contra esto, que no se sabe bien qué es pero que existe. Inevitablemente existe.
Inevitablemente, inevitable... le hace eco en la cabeza, rebota contra las paredes, contra cada rincón del cráneo. Rebota de tal forma que siente presión y que le podría salir humo por las orejas.
Últimamente todo parece ser tan inevitable. El tráfico, el viaje en colectivo, las amigas que empieza a desconocer, la angustia, el miedo a estar sola, los desconocidos preguntando cómo estás, la gota que cae en el piso de la ducha creando un ritmo que a veces le recuerda a una canción, el tiempo, más que nada el tiempo.
Si sigue así no va a durar mucho, piensa. Comiendo lo que toca, riéndo cuando se debe, levantándose a fumar un cigarrillo entre pesadilla y pesadilla.
¿Pero qué otra cosa podría hacer?
Si tan solo...
Si acaso la cabeza le funcionara menos, si pudiera prenderse fuego unas cuantas neuronas y ser feliz.
Salir de shopping y ser feliz, emborracharse cada noche y ser felíz, aprobar el maldito exámen y ser feliz, tener un novio lindo y ser feliz, cobrar el sueldo y ser feliz, tener la vida resuelta y ser completa y absolutamente feliz.
Dinamitarse la cabeza, se lo imagina.
Abajo del banco donde está sentada hay un perro, ella no lo ve, pero siente como la cola se mueve y golpea las maderas.
Uno, dos, tres...
Imagina al perro comiéndose los pedazos de cerebro que tanto le están sobrando.
Dinamitarse la cabeza, uno, dos tres... uno, dos, tres... el perro podría comer.
Dinamitarse la cabeza, uno, dos... (bocina)
-Por fin
-Qué cara, vamos a fumar algo.
-Gracias

martes, 8 de marzo de 2011

A la vuelta

Y cada día me sorprende más, o me traiciona. Me hizo caer, y yo, inocente, de nuevo. Me enamoró... me enamoró del pobre Johnny y de su estúpida ezquizofrenia. Logró enamorarme del jazzmen adicto y despúes de unos largos (¿o fueron horas?) minutos lo mató, lo asesinó cruelmente sin más que una página y media o dos.
Y yo inocente, sintiendo que me hacía el amor en cada palabra (no en las palabras exactamente), en su cadencia inevitable, en la forma en que fluyen, que nacen de la que alguna vez fue su mano y hoy no son más que archivos en la computadora de una editorial que se está llenando de plata ( y Aurora sabe...).
Y no hablo de sexo, muy lejos de eso, hablo de amor, de que el tipo me acaricia todo el cuerpo con esas manos largas y flacas, con la yema de los dedos, con esa suavidad. La misma suavidad con la que me acariciabas anoche los hombros y la punta de la naríz. De que me causaría cosquillas si acaso pudiera sentirlas y me haría reir durante horas, durante todo el tiempo que lo tengo en las manos, en los ojos, en la cabeza sobretodo, sobretodo en la cabeza.
Me engañó y yo llorando como una imbésil, muerta de calor en un asiento lleno de polvo y porquerías vencidas. Llorando por el pobre Johnny, por su increíble cordura incomprendida.
Y él ni sabe que existo, nunca lo supo. Él guiando mi vida, yo haciendo que él (él mismisimamente él) guíe mi vida y siquiera llegó a percatarse de mi pobre existencia, tan pobre como la de Johnny o la de él, aunque si de verdad pudiera tenerlo al lado mío, hablando, fumando, tomando coñac, durmiendo o simplemente al lado mío...
A él que está tan muerto, tan muerto como Jonnhy, tan muerto como yo.
Pero ya saben, no mejor que yo, pero lo saben, que me tendré que conformar con lo que me dejó (no a mí, pero me lo dejó) y con su foto en mi mesa de luz mirándome dormir, apreciándome sólo a mí, a mí solamente en todo momento; aunque nunca supo que iba a existir o que quizás lo amara. Aunque me siga engañando o me haga llorar, aunque no sienta las cosquillas pero sé que están ahí, a la vuelta de la página menos pensada.

domingo, 27 de febrero de 2011

Para seguir

Caminaba por la vereda cuando cayó. Era una bola de piedra encendida en llamas, o un meteorito si es que asi le llaman, si es que eso era.
Cayó justo enfrente mío, cerrandome el paso.
Tal atrocidad se imponía para detenerme pero yo tenía que avanzar, tenía que seguir. Entonces intenté cruzar la calle, pero apareciste vos, en un auto negro y vestido de azul. Pusiste balizas y te plantaste ahí en el medio, como si el mundo se hubiera detenido, como si no notaras el meteorito en todo su explendor cortandome la vereda, a punto de prenderme fuego.
Volví hacia atrás y vos pusiste reversa. No entendí si eras de la C.I.A. o me querías secuestrar pero me estabas bloqueando el paso y yo tenía que llegar.
Pensé en bajar la cabeza y dar la vuelta a la manzana, pero esta vez ya no podía, ahora tenía que llegar, seguir, y rápido.
Entonces me cruzé en frente de tu auto, un poco con miedo pero desafiante. Y vos aprestaste el acelerador, lo apretaste con furia y sin compasión, pero el auto no se movió. Yo no se si se apagó o te olvidaste la primera. Pero me cruzé de vereda,

y seguí.

martes, 15 de febrero de 2011

Backstage

Siempre estarás en la mayoría de mis recuerdos. No como el protagonista, que se lleva los aplausos y los autógrafos a la salida.Esa más bien será otra.
Estarás, bien digo, como la crítica, que tiene siempre la última palabra y que nos marca en la frente las estrellitas que todos ven.
Estarás como el juez indiscutible, que todo lo decide casi inevitablemente, casi naturalmente aunque no quiera escuchar.
Serás un breve destello de lo que debí haber hecho y esquivé, simplemente por su esencia. Por ese correcto nivel protocolar de... buena conducta si se quiere.
Serás la voz que cada mañana me repita que puedo ser mejor, que alguien, alguien que no soy yo, merece que sea mejor.
Porque yo estaré bien, con mi mediocridad mal interpretada y mi orgullo inacabable.
Serás la espina que me obligue a estar bien parado, a ser de hierro o de papel, para moldearme, para aprender. Para ser como se debe, como son todos, como sos vos.
No es, acaso, que te esté quitando de mi vida.
Pero hay algo inevitable en esto de las despedidas. Y es que el telón pronto se cierra y así sucede, atroz e inevitablemente.
Y ya no somos la pareja feliz que fuimos en el escenario, y nos invade el cansancio, la rutina. Nos invade sobre todo la cruda realidad.
Y vos te vas por tu lado y yo me quedo esperando, a ver si puedo actuar.
A ver si puedo, ahora que ya no estás. Ahora que se cerró el telón y vos te vas por tu lado.
Vos te vas por tu lado y yo me quedo acá.
Me quedo acá esperando, a ver si puedo actuar.

Espera

Veo sus caras, los hay viejos y jóvenes, de pieles blancas y oscuras, en verdad muy oscuras, en verdad muy blancas. Madres, niños, señores de traje y otros que apenas tienen qué ponerse.
Todos cansados, atados a la fila que están absurdamente obligados a cumplir, casi rutinariamente. Buscando distracción en lo que sea, cualquier cosa que haga pasar el tiempo.
Hay gente buena pero nadie regala nada, algunos vinieron en busca de una recompensa, otros en busca de una limosna, otros a hacerse dueños de algo que no les pertenece, otros se quieren despojar de aquello que los consume y les nubla la vista.
No se conocen, ni en lo más mínimo, pero conversan de cualquier cosa y se ríen. Ríen a carcajadas esperando que al cesar su risa, haya existido un minuto mas.
Sólo esperan el fín, con caras amargadas y no tanto, mirando todo con una enajenación imposible de ignorar.
Todos están apurados, no saben bien por qué, pero apurados. No quieren esperar pero de a poco se van transformando en postes, columnas que apenas se mueven, unos detrás del otro, y así sucesivamente.
Nos contemplamos, juzgándonos unos a otros, imaginándonos historias, vidas, personalidades, pensando de qué forma somos superiores; pero nada nos distrae del objetivo común, de nuestra tarea en este lugar, de nuestra misión y la ansiedad por cumplirla.
Al llegar al final el cajero del banco atiende nuestras inquietudes, y todo vuelve a ser como antes.

Ya no soy yo

¿Y qué de mi?.¿A dónde fui? A dónde estoy si no es aquí, llenando cada uno de tus deseos.
¿Quién era yo? Si no soy esa que inventaste.
¿A dónde fueron mis virtudes, y mis defectos? Si no a tus manos artesanas.
¿Dónde está la mujer que amaste?
¿Y las manías de las que te enamoraste?
Perdón amor, ya no soy yo.
Ya no soy yo quien está contigo.
Perdón amor.
Perdón... mi amor...
Vuelvo conmigo.